Rastro de zancadillas
La zancada siempre nos deja un rastro de zancadillas. Manu Llorente, que ha ido trasminando el profesionalismo máximo de Pedro J., se atreve ya a intentar y modelar la primera persona. Quiere uno decir que Manu ha entendido su oficio como vida y su vida como oficio. No descansa nunca porque nadie se cansa de vivir. Así como hemos dicho que el periodismo americano tiene protagonista individual o colectivo, pero muy personalizado, digamos ahora que el periodismo europeo prefiere el rigor del periodismo colectivo ahora que la literatura vuelve a fichar incluso al maestro Heidegger. Carmen Rigalt, siempre en tertulias de hombres, aporta aquí su nuevo peinado, su escote blanquísimo, su tabaco y su protagonismo en cuanto a la literatura de periódico. Carmen no necesita segunda persona, en esta época de personificaciones y master, porque su estilo no es de academia sino el sabio estilo intuitivo de toda mujer cuando coge la pluma o el ordenador para contar su vida. El periodismo es el estilo hembra. En mi juventud los estilos todavía eran sexos, de Virginia Woolf a Simone de Beauvoir. Y todavía podemos enumerar todo el periodismo mecánico, desde el cine a la ciencia-ficción. La televisión es el género doméstico de la mujer, desde la vieja Singer a Oriana Fallaci o la Olivetti. Estos chicos son permisivos y hacen literatura a costa de cualquier género y de cualquier herramienta. David utiliza ya como protagonismo su treintena, Carmen su feminismo y Manu el influjo y efecto inmediato de su cercanía, que es la de un gran joven y un plural viejo. La batalla de los master no está de más porque lo que mejor se estudia es lo que al tiempo se vive. Ejemplo máximo de esto que digo pudiera ser la prosa femenina, cuando no muere por saturación, que es ya la novela rosa. Esta novela rosa no es periodismo, pero tampoco es literatura. Es periodismo cuando nos cuenta una boda fastuosa, tomando la información de lo que hoy llamamos prensa del corazón. La paella, muy lograda.
EL
MUNDO, 12 julio 2007


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