Periodistas españoles titulados en 1978
Recuerdos de la 3ª promoción de Periodismo, Facultad de Ciencias de la Información (UCM) / Apuntes sobre un oficio
miércoles, 12 de agosto de 2026
miércoles, 22 de julio de 2026
domingo, 12 de abril de 2026
Fundamentos de la información periodística especializada
Madrid, 1993. 200 páginas.
Ed. Síntesis.
Recoge en él contenidos y fundamentos de la disciplina
conocida como Información Periodística Especializada (IPE). Un útil manual para
los estudiantes de Ciencias de la Información. Da las claves para penetrar en
el mundo de la especialización y convertir cada especialidad en algo
comunicable y objeto de información periodística.
sábado, 4 de abril de 2026
Jean-Jacques Lévy, fotógrafo en primera línea
Fernando GRANDA
"La fotografía es instante detenido. Efímera eternidad… la mirada tiene un nombre: Jean-Jacques Lévy… una vida apasionante, donde la aventura de ver confluye con la aventura de vivir. Pocos hombres, cámara en ristre, tienen la dilatada, intensa y variada experiencia, desde el campo de batalla hasta los salones del Elíseo”, escribió en su momento el cineasta Gonzalo Suárez. El fotógrafo Jean-Jacques Lévy falleció en la francesa Alsacia a los 89 años. Fue uno de los referentes gráficos de Associated Press (AP). Una carta de Wes Gallagher, ex presidente de la potente agencia estadounidense, lo felicitaba así: “La II Guerra Mundial apenas había acabado cuando usted empezó con nosotros en 1945. Desde entonces llegó a ser uno de nuestros fotógrafos estrella… A menudo, estuvo obligado a revelar, editar y transmitir, así como asegurar la toma de vistas, en condiciones difíciles…”.
Lévy vivió la aventura desde su infancia. Había nacido
el 1 de abril de 1921 en Mulhouse, el Alto Rhin, hijo de Germaine Ullman y
Auguste Lévy, muertos junto a una de sus hijas en 1944 tras ser deportados al
campo de exterminio de Auschwitz. Jean-Jacques se libró de caer en manos de los
nazis saltando por una ventana cuando estudiaba Derecho en la Universidad de
Toulouse en 1942. Meses después huye de Francia a través de los Pirineos.
Después de unos meses preso en una cárcel catalana, logra embarcar con destino
a Marruecos. Posteriormente ingresa en un centro de instrucción de la Fuerza
Aérea estadounidense como intérprete y acaba la guerra como reportero gráfico
de ese ejército, donde pasa a ser “fotógrafo oficial” en 1945. En el otoño de
ese año lo contrata AP y en la agencia trabaja hasta 1983. La retina de su
cámara captó, durante esas casi cuatro décadas, los personajes e instantes más
representativos de la segunda mitad del siglo XX.
Una exposición, organizada en la Casa Municipal de
Cultura de Llanes en 1990, reflejaba su magnífica ejecutoria como profesional
de la fotografía de prensa. Jean-Jacques Lévy ha dejado parte de su trayectoria
en el pueblo de Celorio, en el oriente astur, adonde llegó en la década de los
ochenta del pasado siglo y donde coincidió en el concejo de Llanes con otro
referente de la fotografía, el húngaro Nicolás Muller, de quien decía Manuel
Vicent que “reinventaba cada día la sensibilidad” con sus retratos de toda una
generación artística de nuestra posguerra. El reportero alsaciano deja en
Celorio a su hija Ninon, quien reside allí desde hace varias décadas y donde
mantiene parte de su legado.
Fotografió a los soldados chinos de Chiang Kai-chek
que huían de las tropas de Mao Tse-tung, el juicio al mariscal Pétain, a
Patricio Lumumba al ser elegido como futuro presidente del independiente Congo,
los funerales por Winston Churchill, los detalles más significativos del París
de Mayo del 68, al príncipe Juan Carlos de Borbón y al presidente francés
Valéry Giscard d’Estaing de cacería, Stan Laurel y Oliver Hardy… Fotografió,
mientras estuvo en ejercicio, a todos los presidentes de EE UU.
Contaba días pasados Higinio del Río, director de la
Casa Municipal de Cultura de Llanes y gran amigo suyo, que en 1956, en medio de
los cañonazos de una de las guerras árabe-isreaelíes, Jean-Jacques Lévy “fue
invitado por David Ben Gurion a subir al avión del alto mando de las fuerzas
armadas de Israel para sobrevolar la batalla del Sinaí. Lévy era el único fotógrafo
a bordo, y cuando vio cómo Ben Gurion desplegaba sobre una mesa el mapa de
operaciones junto a Moshe Dayan, sacó la cámara e inmortalizó el momento”. Por
esta y otras anécdotas laborales, su también amigo Gonzalo Suárez dice que
Graham Greene se inspiró en Lévy para construir uno de los personajes de El americano impasible.
(Publicado en EL PAÍS, 13 abril 2010).
domingo, 15 de marzo de 2026
viernes, 6 de marzo de 2026
Teoría General de la Información I. Introducción
Madrid, 1973. 361 páginas.
Guadiana de Publicaciones, S. A.
.
domingo, 1 de marzo de 2026
jueves, 26 de febrero de 2026
"Por qué ni fija, ni limpia, ni da esplendor"
Limpiar, en el origen del lema,
significaba depurar el idioma de usos incorrectos, confusos o innecesarios. No
se trataba de imponer un castellano o español rígido, sino de establecer criterios
claros que facilitaran la comprensión y la alta calidad expresiva. Sin embargo,
la Academia se repliega ahora hacia posiciones más descriptivas que normativas,
aunque rara vez sus miembros lo admitamos en público. Esto da ocasión a debates
académicos internos, a veces muy tensos, que por prudencia institucional no
suelen ir más allá de la sala de plenos.
El argumento habitual de un sector académico, en el que se sitúan principalmente lingüistas, es que la Academia registra el uso. El problema, replica a eso otro sector donde abundan escritores o creadores, es que registrar no es limpiar. Si todo uso mayoritario, por vulgar o incorrecto que sea, resulta automáticamente válido, la noción misma de corrección pierde sentido. Y ahí reside uno de los problemas. La actual RAE acepta construcciones que hace años habría considerado erróneas, no tras un debate lingüístico profundo, sino por presión externa. Doblegándose con demasiada facilidad y frecuencia al simple uso mediático, político o de redes sociales. El resultado es una normativa cada vez más laxa, ambigua y contradictoria, que deja al hablante sin referencias firmes, sometido a los vaivenes de las modas y, lo que es peor, a la proliferación de elementos con notable presencia pública pero con escasa formación cultural. Un tertuliano, youtuber o influencer analfabetos pueden tener más influencia lingüística que un premio Cervantes.
La renuncia a limpiar
La RAE ha estado esquivando la constante petición de algunos académicos -cada vez menos, pues los más combativos van falleciendo o se cansan de bregar- en los debates de los plenos: una declaración pública anual sobre el estado de la lengua española, y no para imponer normas policiales, sino para prevenir y advertir de errores y malos usos antes de que éstos sean irremediables. Pues, al no establecer límites claros, la RAE deja de proteger precisamente a quienes más necesitan normas o referencias claras: estudiantes, docentes y hablantes no nativos. Pero esa renuncia de la Academia a limpiar -advertir de las amenazas antes de que se asienten sin remedio- no responde sólo a la fría concepción científica de algunos académicos, sino también a un miedo general asentado en la RAE: miedo a parecer elitistas, conservadores o excluyentes en un ámbito cultural hipersensible, en una España y una Hispanoamérica propensas a desconfiar de toda autoridad lingüística aunque esa autoridad sea noblemente compartida por todos los componentes de la Asociación de Academias de la Lengua Española. Que -a diferencia de la notoria incompetencia panhispánica del ministro español de Asuntos Exteriores, señor Albares- sí mantienen excelentes relaciones entre ellas y participan juntas en un Diccionario, una Ortografía y una Gramática milagrosamente comunes.
Pero quizá lo más grave sea el abandono del Esplendor. Porque dar esplendor no es sólo pulir la ortografía y la gramática y hacer un Diccionario digno y eficaz; es, también, defender la riqueza literaria, histórica y simbólica del idioma. Desde su creación en 1713, la RAE estuvo asociada a una idea de la lengua como patrimonio cultural. Hoy, lamentablemente, esa ambición parece diluida. El sector oficial de la Academia responsable de las manifestaciones y comunicaciones exteriores vive obsesionado con que nadie asigne a la RAE la palabra elitista. En consecuencia, maneja un registro cada vez más vulgar, adaptado al lenguaje de redes sociales, con respuestas rápidas, ingeniosas y a menudo superficiales. A la altura intelectual de lo que hay.
La incorrección, la vulgaridad y el error
Las redes sociales, desde luego, representan el grado extremo del problema. Son espacios donde priman la rapidez, la simplificación y la falta de contexto. Útiles como indicador sociolingüístico, resultan tóxicas como modelo normativo. Sin embargo, la RAE las menciona cada vez más como prueba de uso. El lenguaje de las redes, diseñado para impactar y no para pensar, es fragmentario, caótico, pobre en matices y proclive a la incorrección, la vulgaridad y el error. Cuando la Academia lo legitima, envía un mensaje peligroso: el cuidado, el rigor, no importan; basta con que algo circule lo suficiente. Esto tiene un efecto social devastador. Si todo vale porque se usa, ¿para qué esforzarse en escribir bien? ¿Por qué leer a buenos autores, estudiar o ampliar vocabulario? La lengua deja de ser una conquista cultural, una herramienta cuidada y noble, y se convierte en reflejo automático del confuso ruido social.
La sumisión de la RAE a las redes deteriora su imagen. El criterio académico se hace coloquial, el rigor es negociable. Todo vale y cualquier cateto audaz puede imponerse, si persevera, a Cervantes, Galdós o García Márquez. Además, la RAE ha mostrado una evidente falta de liderazgo cultural frente a la avalancha de anglicismos, tecnicismos innecesarios y empobrecimiento léxico.
Otro de los factores negativos para la autoridad de la RAE es su relación ambigua con el debate político, sobre todo respecto al llamado lenguaje inclusivo. La resistencia académica viene siendo honorable, pero sin la contundencia propia de su autoridad. No abrir la boca es la respuesta más frecuente, y dice poco en favor de la institución que las respuestas enérgicas se dejen a la iniciativa personal de los contados académicos -Javier Marías lo hizo siempre de forma destacada- que se atreven, por su cuenta y sobre todo su riesgo, a intervenir en el debate público. En la grotesca injerencia del oportunismo político, la ignorancia y la estupidez sectaria en materia lingüística, la Academia, en vez de sostener la posición firme y argumentada de su legítima autoridad, suele situarse entre el silencio administrativo y la cautela diplomática, intentando no incomodar a nadie. Al no plantar cara públicamente a ese oportunismo ignorante e irresponsable, la RAE contribuye a la confusión general y abdica de su autoridad y prestigio.
Periódicos mal escritos, titulares apresurados, tertulias descuidadas y las redes sociales
En el corazón de la Real Academia Española se registra un desplazamiento silencioso, lamentable, de su principal fuente de autoridad. Durante tres siglos, la RAE entendió que la lengua se establecía principalmente de abajo arriba, pero enriquecida, contrastada, analizada y devuelta desde arriba hacia abajo mediante la literatura, el pensamiento, la tradición escrita y el criterio de autores solventes cuya obra demostraba excelencia, precisión y capacidad de perdurar. Hoy, en cambio, entregados los aspectos técnicos de la RAE a lingüistas partidarios de asumir dócilmente cuanto ocurre y no prevenir lo que ocurra, la Academia invierte esa jerarquía: otorga más peso normativo a lo que se repite en periódicos mal escritos, titulares apresurados, tertulias descuidadas o redes sociales, que a la autoridad intelectual de escritores, filólogos y creadores que trabajaron o trabajan la lengua con rigor. Se anteponen los usos de un tuitero analfabeto o el texto de un folleto farmacéutico mal traducido a la obra de académicos vivos o muertos.
El núcleo de lingüistas al que la actual dirección
confía las decisiones maneja con naturalidad y sin apenas control, como
justificación normativa, titulares periodísticos redactados con descuido o usos
masivos en redes sociales, aunque estos contradigan principios sintácticos,
semánticos o estilísticos largamente asentados. La repetición cuantitativa ha
sustituido a la calidad cualitativa. Se confunde frecuencia con legitimidad,
visibilidad con corrección. Y esta inversión es muy grave, porque los medios de
comunicación actuales -con pocas y honrosas excepciones- ya no funcionan como
filtros de calidad lingüística. La presión del clic, la velocidad de
publicación y la precariedad laboral han erosionado el cuidado del idioma.
La RAE apenas advierte ya con claridad del mal uso.
Tiene verdadero miedo de hacerlo. De ese modo ya no corrige la incorrección,
sino que la acepta a toro pasado. Espera a que el mal uso se imponga por
cansancio, repetición o presión mediática y entonces lo incorpora al
Diccionario; no como excepción a señalar, sino como variante válida. Y así, la
autoridad normativa se convierte en simple notaria del hecho consumado.
El proceso es siniestro: en los medios se escribe peor,
la Academia lo acepta, y al aceptarlo, legitima ese empeoramiento. Al
legitimar, los medios se esfuerzan todavía menos. El hablante asume que la
corrección es irrelevante y reproduce usos cada vez más pobres. Pero este
empobrecimiento no es sólo estilístico, sino cognitivo: una lengua descuidada
piensa peor. La precisión léxica, la complejidad sintáctica y la riqueza
expresiva no son adornos superfluos, sino herramientas para comprender y
describir la realidad. Cuando la norma se rebaja, también se reduce la
capacidad de pensar con claridad.
(Reproducción, casi en su totalidad, de un artículo publicado en EL MUNDO, 12 enero 2026).
viernes, 13 de febrero de 2026
El marxismo como moral
Madrid, 1970. 191 páginas.
Alianza Editorial.
Este libro de Alianza Editorial nos fue recomendado por el
profesor Javier Fernández del Moral en quinto curso de carrera, pero en ese
momento estaba ya agotado, pese a las tres ediciones que había lanzado AE.
Lo pude conseguir, sin embargo, el jueves 23 de febrero de
1978. Ese día asistí a una conferencia de José Luis López Aranguren en la
Fundación Tabacalera Española, junto al Museo de Cera de Madrid. Al terminar el
conferenciante su intervención me acerqué a él y le manifesté mi interés en
conseguir el libro. Amablemente, Aranguren me invitó a ir con él a su casa, en
la calle Zurbano, y me regaló un ejemplar, que me dedicó.
En este ensayo se hace un análisis de los aspectos morales
del marxismo en la política práctica y se aborda el problema de la violencia y el
terror (la debatida cuestión del fin y los medios) y la vigencia del papel de
la Unión Soviética, Cuba y China como modelos revolucionarios. Con su claridad
habitual, el filósofo traza una breve historia del marxismo desde el punto de
vista de la ética, y dedica una especial atención al revisionismo de Bernstein
y Kautsky, al leninismo, al stalinismo, al redescubrimiento del pensamiento del
joven Marx, al concepto de alienación y al enfoque estructuralista de la
escuela de Althuser.

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