HIGINIO DEL RÍO PÉREZ
La tercera promoción de licenciados en Ciencias de la Información (rama de Periodismo) por la Universidad Complutense de Madrid (la de
Lo más relevante de ese primer año en la Universidad fue que nos vimos privados del primer trimestre lectivo. El entonces ministro de Educación y Ciencia en el gobierno del almirante Carrero Blanco, Julio Rodríguez Martínez (1928-1979), había determinado que el año académico coincidiese con el año natural. La insólita ocurrencia despertó el rechazo de toda la comunidad educativa. Julio Rodríguez, miembro del Opus Dei, sería ministro tan sólo dos años (1973 y 1974), y su sucesor, Cruz Martínez Esteruelas, recuperó el calendario ordinario a partir del curso siguiente (1974-1975).
Para los alumnos de la tercera promoción, los estudios de Periodismo duraron cuatro años y medio: desde enero de 1974 hasta junio de 1978, año en el que obtuvimos la licenciatura. Estábamos distribuidos en dos grupos (A y B, en función de nuestros apellidos, tanto para el turno de mañana como para el de la tarde) y en nuestro día a día tenían reflejo los avatares políticos del momento. Nos tocó vivir intensamente el ilusionante proceso de la Transición política.
En la avenida de la Complutense estaban apostados destacamentos de la Policía Armada (los denominados “grises”), en jeeps o a caballo, dispuestos a intervenir para reprimir cualquier manifestación estudiantil, algo muy frecuente en los últimos años del franquismo. A veces, había que desalojar el aula y echar a correr, perseguidos por los agentes hasta la puerta de los propios bares que frecuentábamos en el barrio de Argüelles.
Estaban de moda los ponchos, las camisas a cuadros, las barbas y el pelo largo, y en cada clase se detectaba la presencia inquietante de un sujeto, silencioso y observador, del que sospechábamos que podía pertenecer a la Brigada Político Social de la Policía Secreta.
Teníamos que leer libros y más libros, que adquiríamos en la librería "Felipa", en la calle Libreros, muy cerca de la desembocadura de la calle de San Bernardo en la Gran Vía (entonces llamada Avenida de José Antonio). Felipa, enlutada y lánguida, nos hacía un descuento del 20 por ciento.
Leíamos todos los periódicos que caían en nuestras manos y tuvimos tiempo de aprovechar la amplía oferta cultural que ofrecía Madrid. Los actos se anunciaban en la agenda de los rotativos: conferencias, debates, mesas redondas, tertulias, presentaciones de libros, encuentros organizados por las fuerzas políticas de oposición al franquismo o conciertos en la Fundación March. Los sábados por la mañana, algunos no nos perdíamos el ensayo general de la Orquesta Sinfónica de RTVE en el Teatro Real.
En la primavera de 1974, durante el primer año de carrera, tuvimos ocasión de presenciar un acto de protesta absolutamente novedoso en la historia de la Universidad española. Fue todo muy rápido: estábamos en clase de Redacción, se abrió la puerta y entraron en el aula varias personas desnudas que ocultaban el rostro con máscaras. Asistimos así al estreno en España del “streaking”, una peculiar forma de protesta importada de Estados Unidos. Cuando salieron, el profesor (Castillo-Puche) nos mandó hacer una redacción sobre la experiencia vivida. Él mismo publicaría, días después, un artículo en ABC sobre el asunto, que se reproduce en otro apartado de este blog.




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