Fernando GRANDA

"La fotografía es instante detenido. Efímera
eternidad… la mirada tiene un nombre: Jean-Jacques Lévy… una vida apasionante,
donde la aventura de ver confluye con la aventura de vivir. Pocos hombres,
cámara en ristre, tienen la dilatada, intensa y variada experiencia, desde el
campo de batalla hasta los salones del Elíseo”, escribió en su momento el
cineasta Gonzalo Suárez. El fotógrafo Jean-Jacques Lévy falleció en la francesa
Alsacia a los 89 años. Fue uno de los referentes gráficos de Associated Press
(AP). Una carta de Wes Gallagher, ex presidente de la potente agencia
estadounidense, lo felicitaba así: “La II Guerra Mundial apenas había acabado
cuando usted empezó con nosotros en 1945. Desde entonces llegó a ser uno de
nuestros fotógrafos estrella… A menudo, estuvo obligado a revelar, editar y
transmitir, así como asegurar la toma de vistas, en condiciones difíciles…”.
Lévy vivió la aventura desde su infancia. Había nacido
el 1 de abril de 1921 en Mulhouse, el Alto Rhin, hijo de Germaine Ullman y
Auguste Lévy, muertos junto a una de sus hijas en 1944 tras ser deportados al
campo de exterminio de Auschwitz. Jean-Jacques se libró de caer en manos de los
nazis saltando por una ventana cuando estudiaba Derecho en la Universidad de
Toulouse en 1942. Meses después huye de Francia a través de los Pirineos.
Después de unos meses preso en una cárcel catalana, logra embarcar con destino
a Marruecos. Posteriormente ingresa en un centro de instrucción de la Fuerza
Aérea estadounidense como intérprete y acaba la guerra como reportero gráfico
de ese ejército, donde pasa a ser “fotógrafo oficial” en 1945. En el otoño de
ese año lo contrata AP y en la agencia trabaja hasta 1983. La retina de su
cámara captó, durante esas casi cuatro décadas, los personajes e instantes más
representativos de la segunda mitad del siglo XX.
Una exposición, organizada en la Casa Municipal de
Cultura de Llanes en 1990, reflejaba su magnífica ejecutoria como profesional
de la fotografía de prensa. Jean-Jacques Lévy ha dejado parte de su trayectoria
en el pueblo de Celorio, en el oriente astur, adonde llegó en la década de los
ochenta del pasado siglo y donde coincidió en el concejo de Llanes con otro
referente de la fotografía, el húngaro Nicolás Muller, de quien decía Manuel
Vicent que “reinventaba cada día la sensibilidad” con sus retratos de toda una
generación artística de nuestra posguerra. El reportero alsaciano deja en
Celorio a su hija Ninon, quien reside allí desde hace varias décadas y donde
mantiene parte de su legado.
Fotografió a los soldados chinos de Chiang Kai-chek
que huían de las tropas de Mao Tse-tung, el juicio al mariscal Pétain, a
Patricio Lumumba al ser elegido como futuro presidente del independiente Congo,
los funerales por Winston Churchill, los detalles más significativos del París
de Mayo del 68, al príncipe Juan Carlos de Borbón y al presidente francés
Valéry Giscard d’Estaing de cacería, Stan Laurel y Oliver Hardy… Fotografió,
mientras estuvo en ejercicio, a todos los presidentes de EE UU.
Contaba días pasados Higinio del Río, director de la
Casa Municipal de Cultura de Llanes y gran amigo suyo, que en 1956, en medio de
los cañonazos de una de las guerras árabe-isreaelíes, Jean-Jacques Lévy “fue
invitado por David Ben Gurion a subir al avión del alto mando de las fuerzas
armadas de Israel para sobrevolar la batalla del Sinaí. Lévy era el único fotógrafo
a bordo, y cuando vio cómo Ben Gurion desplegaba sobre una mesa el mapa de
operaciones junto a Moshe Dayan, sacó la cámara e inmortalizó el momento”. Por
esta y otras anécdotas laborales, su también amigo Gonzalo Suárez dice que
Graham Greene se inspiró en Lévy para construir uno de los personajes de El americano impasible.
(Publicado en EL PAÍS, 13 abril 2010).

Jean-Jacques Lévy, en la Casa de la Cultura de Llanes. / HIGINIO DEL RÍO