lunes, 17 de noviembre de 2025

Entrevista a Carlos Luis Álvarez, "Cándido"

 



            ENTREVISTA                


“Nos llamaban ultras, carrozas, a los que escribíamos bien”

 

HIGINIO DEL RÍO 

Carlos Luis Álvarez, Cándido (Oviedo, 1930) sobrelleva con resignación la etiqueta de periodista “gubernamental”. Le pregunto que qué seducción tiene el PSOE para los intelectuales.


El socialismo lleva en sí una raíz de progresismo y de libertad que tiene que atraer a los intelectuales. Por lo demás, no advierto una seducción excesiva por parte del poder. Puede haber una adhesión en cuanto a un proyecto histórico común. Este es mi caso. Estoy de acuerdo con el proyecto histórico del socialismo, aunque disiento en algunas partes de carácter instrumental o parcial. Con buena o mala fe estoy pasando por un periodista gubernamental, pero por lo menos habría que decir en mi descargo que gratis.


He venido a verle a su despacho en la agencia OTR/Press, donde es director de servicios especiales, y hablamos de periodismo y de política.  


Los periódicos españoles nunca han estado peor escritos que ahora. Nunca han sido tan superficiales. Nunca han sido tan precipitados en los juicios y nunca los juicios han sido tan endebles. 


En este panorama, ¿los columnistas tenéis que ser agresivos y graciosos, como recurso literario para crear en el lector opiniones más firmes?


El fundamento de escribir, sobre todo de escribir diariamente, es la sinceridad. Yo me esfuerzo en escribir, no en ser agresivo o gracioso. Pero, efectivamente, ya decía Ortega que el periodismo es invectiva, es decir, capacidad de agresión. Y por otra parte el humor entendido como una de las especies más subidas de la civilización tiene que ser también uno de los condimentos de la columna. Lo que procuro yo todos los días es huir de lo obvio .

 

Para Cándido, escribir lo obvio es aún peor que escribir mal. 


No se trata de huir de lo obvio para caer en la originalidad como obligación diaria, sino con objeto de que te sigan leyendo. A alguien que escribe mal se le puede leer a la busca de alguna idea, aunque esté mal expresada, pero a quien no se lee es al que escribe lo que está de más, los lugares comunes, que el bueno es bueno y el malo es malo.  


Últimamente se acusa a los periodistas de incurrir en un lenguaje burdo, contagiados, quizá, por la pobreza de términos que manejan los políticos. 


En eso han venido a coincidir dos desgracias. Primero, que no hay grandes políticos, sobre todo que no hay grandes oradores, no hay grandes parlamentarios, no hay grandes escritores en la clase política, cosa sorprendente en España, que ha tenido quizá el Parlamento más elocuente, lo mismo de derechas que de izquierdas. Y segundo, una crisis del periodismo profundísima en la que es muy difícil encontrar a alguien que escriba bien. 


Carlos Luis tiene muy claro su diagnóstico: 


Los periódicos españoles están rematadamente mal escritos. Lo estaban mucho mejor durante el franquismo. Han ocurrido varios fenómenos: el primero es la rebelión ante la enseñanza en los últimos años del régimen, en los que la pura atención a la rebeldía frente a la situación hacía olvidar que las disciplinas se aprenden disciplinadamente. Han salido de las escuelas y han entrado en los periódicos personas que no se han educado en una redacción, larga y penosamente. Y por otra parte ha habido una ingenuidad dramática, y es que así como se escribía bien en el franquismo, en general, las jóvenes y aturdidas generaciones de periodistas que accedían a los periódicos identificaron el escribir bien con la dictadura. Nos llamaban ultras, carrozas, a los que escribíamos bien.   


¿...? 


No solamente hubo una eclosión social de relaciones, de costumbres, desde la ingenua manía de los desnudos en el teatro. La gente se desnudaba sin que eso viniese a cuento, porque más que una exhibición erótica era un desafío político. De la misma manera hubo una especie de suelta de la sintaxis, de las palabras, de los modismos barriobajeros. Todo valía. Era la libertad por la libertad, y así empezaron a escribir los periódicos. No tienes más que cogerlos y darte cuenta de que están deshaciendo el idioma a martillazos. Naturalmente, sin ganar ninguna elocuencia. 



Resumen de una entrevista publicada en HOJA DEL LUNES de Oviedo el 11 de mayo de 1987.

Carlos Luis Álvarez Álvarez fallecería en 2006, a los setenta y ocho años.  

 

 

 

 







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