viernes, 19 de diciembre de 2025

Entrevista a Camilo José Cela

 



            ENTREVISTA                


“Los periódicos no hablan más que de política, y algunos artículos son en clave”

 

HIGINIO DEL RÍO 

Subiendo en el ascensor con Camilo José Cela (Padrón, La Coruña, 1916) hasta su habitación del hotel Miguel Ángel, este periodista se siente elevado de la mano de su santo preferido. Es un trayecto corto, en compañía de un botones con cara de personaje de la novela picaresca que va cargado de bultos.  


Ya en la habitación, lo primero que hace Cela es llamar a la manicura. Pero sucede que le han dado una habitación que no es la suya, y nos tenemos que ir con los bártulos a otra parte en cuanto se advierte el error. Le comunico a usted, para su gobierno y efectos que procedan, que me echan de esta habitación y me mandan a la 720, dice por teléfono a Recepción. Recogemos todo y, sin olvidarnos de la manicura -silenciosa y observadora como una gheisa-, tomamos de nuevo el ascensor. ¡Qué disparate! ¡Menudo jaleo se ha armado! Parezco un yanqui… ¡Qué horror!, comenta en plena ascensión. 

- Los españoles, ¿qué tenemos que aprender del Viejo Continente?

Supongo que a lavarnos los dientes. Cosas muy elementales. No creo que nos puedan enseñar mucho.  

- ¿Y qué podría enseñar España a los europeos?

A torear, coño, que ya es hora de que vayan aprendiendo estos cabrones.  

En la conversación hay muchos caminos y vericuetos en los que Camilo José Cela accede a meterse. Tanteo sobre mil cosas, y la charla se va construyendo a salto de mata, sin cuestionario, arañando muchas cosas.

Considera el novelista que el nuestro es un pueblo de animales sagrados: así como la vaca es el animal sagrado de la India -explica- y el perro el animal sagrado de Inglaterra, aquí primero lo eran los curas. Luego fueron desbancados por los arquitectos, que se cargaron todo el país, y ahora quizá lo sean los sociólogos. Estos son también muy pesados… A lo mejor, capándolos mejoraban.

Lo dice todo muy serio, sin quitar ojo a los movimientos silenciosos de la empleada del hotel sobre sus manos y dedos.

- Hay quien apunta que los sociólogos, con sus análisis, están metiendo el pesimismo en la gente.  

Antes no había de eso. La gente come caliente y tiene una señora a la que agarrarse, y no le dan depresiones. Eso es de maricones. Si la gente trabaja, no le dan estas cosas… ¿verdad usted?, interroga a la manicura, que asiente con una leve y prudente inclinación de cabeza.


CULTURA Y DIRIGISMO CULTURAL


- ¿Está mejorando la vida cultural en España?    

 ¿A mí qué más me da eso? Estará bien, seguramente… No sé.

- Se habla mucho de la “movida madrileña”.   

Y antes se hablaría de la movida de los cojones… Nada, hombre, ni caso. Al contrario: no creo que la cultura esté en un buen momento.  

- ¿Y no le interesa a usted saber si la gente se culturiza y si la acción del Gobierno progresa en este campo?   

En abstracto, deseo que una persona sea culta, naturalmente. Como deseo que esté sana, coño. Lo contrario sería una cabronada: “Ojala coja usted un tifus, para que escarmiente”… No, coño. Desear esto sería una faena… “Ojala no aprenda usted jamás la regla de tres”. Tampoco… Pero no hay que plantearlo como problema de gobierno. El dirigismo cultural es lamentable.   

- ¿Se da mucho dirigismo actualmente?   

Puede ser. Pero no opino, porque mi reino no es de este mundo. La política práctica para mí no tiene el menor interés, y creo que es uno de los males de los que está adoleciendo España. Abre usted un periódico, el que quiera, y no hablan más que de política. Y algunos artículos son en clave: o sea, que tienen un destinatario. Si usted no sabe quién es ese destinatario, no se entera de nada... Pero, coño, que no me hablen en clave. Yo también pago mi contribución. Además, la catequesis y el proselitismo son faltas de educación. Las damas catequistas y los que hablan en los mítines son unos maleducados… ¡Dejen ustedes que la gente se vaya al infierno sola, coño! Estas damas catequistas que van a bautizar murcianos por los suburbios… ¡Coño, déjelos usted en paz!

- Ahora también se mete mucho la gente con los políticos.    

Es que los políticos en el mundo entero son gente de segunda fila, y a veces de tercera. En olas familias distinguidas de Inglaterra nadie es político. Aquí yo siempre pongo el ejemplo de la Institución Libre de Enseñanza: eran los más cultos que había en su tiempo, y despreciaban la política práctica. Si uno se quería presentar a diputado, si iba a los toros o frecuentaba los prostíbulos, lo echaban.

Los que estamos al corriente del pago de la contribución tenemos ahí a unas personas para que nos administren. Lo único que les exigimos es que lo hagan bien, pero que no mareen con teorías. Lo que hace falta para que la sociedad funcione es gestión y no perder el tiempo en declaraciones de principios.

- ¿No se acerca eso al concepto de la tecnocracia?     

Yo tengo muy poco que ver con los tecnócratas, y además, en general, desprecio la técnica. Yo creo en el pensamiento. Cuando la humanidad haya evolucionado, los países serán gobernados por una computadora y un pequeño funcionario. No hará falta más.  

Tenía yo ganas, al final, de saber si el autor de “La colmena” sigue el quehacer literario de sus colegas. Me dice que no. Que cada vez escribe más y lee menos.   

Hoy releo, y sólo leo un libro nuevo si viene recomendado o avalado por alguien. Cuando tenía veintitantos años leía hasta los prospectos de las medicinas. Hoy no. Por ejemplo: antes leía los periódicos empezando por la primera página, hasta los anuncios, y me sabía a poco. Hoy los hojeo. Aquí hay ahora mucho amarillismo: crímenes pasionales, guardias civiles que matan curas, o curas que cambian de sexo y ahora son “sor Tomaseta”… ¡Usted verá! 



Resumen de una entrevista publicada en la revista CUADROS de Madrid en diciembre de 1987.

Camilo José Cela Trulock falleció en 2002, a los ochenta y seis años.  

 










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