H. del Río
En el curso 1975-1976 prestamos mucha atención a la crisis de NUEVO DIARIO. Una mañana acudió a la Facultad una representación de su comité de empresa para informarnos de su dramática situación laboral y de la lucha que estaban librando por la supervivencia del periódico.
Los trabajadores de ND, que llevaban días haciendo encierros y manifestaciones de protesta, acariciaban la idea de crear una cooperativa y adquirir la cabecera del diario para poder continuar la edición (el presidente de la Asociación de la Prensa, Lucio del Álamo, llegó a ofrecerles la posibilidad de instalar provisionalmente la redacción en la sede de la propia AP). Pero todo fue en vano. La desgana de los propietarios impediría la continuidad del matutino.
Nuevo Diario, al igual que el diario Madrid, formó parte de lo que en su día se dio en llamar “prensa independiente”. Había nacido en septiembre de 1967 al calor de la Ley de Prensa e Imprenta de Fraga y se estaba convirtiendo en uno de los exponentes de la transición de la prensa española a la democracia. Fundado en el entorno del Opus Dei a través de la empresa Prensa y Ediciones, S. A. (PESA), fue vendido en diciembre de 1970 a Prensa Económica, S. A. De este modo pasó a manos de la familia Oriol, de gran peso político y económico en el franquismo.
Durante unos años tendría una difusión baja y una escasa influencia en la opinión pública, hasta el nombramiento de Manuel Martín Ferrand (1940-2013) como director en julio de 1975, sucediendo a Pedro Orive. Las cosas cambiarían entonces positivamente.
El rotativo empezó a aumentar sus ventas (alcanzó con rapidez los 60.000 ejemplares de tirada), al tiempo que se posicionaba cara a la situación política que sobrevendría después de Franco. Quiso ser el nuevo periódico de la España democrática.
En su edición de 26 de octubre de 1975, durante la última fase de la enfermedad del dictador, Nuevo Diario llevó a su primera página un titular, sin tapujos: “Franco agoniza”, en unos términos que iban contra corriente de los habituales eufemismos de que hacían gala los demás medios informativos. Ese titular le valdría al director un proceso en el Tribunal de Orden Público.
El dueño de ND, Lucas Maria de Oriol y Urquijo (hermano del político
tradicionalista Antonio María de Oriol y
Urquijo, ministro de Justicia y presidente del Consejo de Estado), veía con desconfianza y preocupación la línea que seguía el rotativo
bajo la dirección de Martín Ferrand.
El 24 de febrero de 1976, tras infructuosos intentos de su venta a otros grupos
editoriales, Oriol decidió cerrar el
diario, so pretexto de insalvables problemas financieros, en simultaneidad con una flagrante falta de entendimiento entre la empresa editora, Prensa Económica S. A., y
la empresa impresora, Rotopress, S. A.
En esencia, lo que faltó fue voluntad empresarial para afrontar las dificultades. El periódico desapareció a causa del abandono de sus propietarios. En sus nueve años de existencia, el matutino había tenido como directores, sucesivamente, a José Luis Cebrián Boné, Juan Pablo de Villanueva Domínguez, Salvador López de la Torre, Luis Ignacio Seco García, José Luis Echarri Gamundi, Pedro Orive Riva y Manuel Martín Ferrand. Los dos primeros, vinculados al Opus Dei.


No hay comentarios:
Publicar un comentario