viernes, 28 de noviembre de 2025

El apasionante mundo de Felipa



 

Felipa Polo Asenjo, la "tía de los estudiantes", de la calle de Libreros

 

Alfonso ÁLVAREZ

En pleno corazón de Madrid, cerca de la antigua Universidad y del desaparecido Conservatorio de la calle de San Bernardo, en una callejuela secundaria que parte de la Gran Vía madrileña, se encuentra la calle de Libreros. Calle estrecha y corta, donde se ubican nueve librerías, de mayor o menor tradición, que han dado un carácter especial a esta calle.

En una de estas librerías se encuentra, tras el mostrador, como viene siendo habitual desde hace treinta y siete años, nuestro personaje: Felipa. Yo quiero que me llamen Felipa a secas; el que me llama “la Felipa”, pues me molesta, y el que me dice “Doña Felipa” me cansa.

Felipa, mujer de muchos años, pero muy bien conservada, nació en Loranca de Tajuña, provincia de Guadalajara. Allí despertó su afición a los libros, aunque “lo que más me gustaba era hacer punto”, nos decía.

Se instaló en la calle de Libreros en el año 1945 -había sitio-; no tenía ningún motivo especial para instalarse en esta calle, a la que librerías como Doña Pepita o La Casa de la Troya han hecho conocida fuera de Madrid en ambientes universitarios.

 

Primeros años

 

Fueron años difíciles, sin dinero, con libros de dos y tres pesetas. Pero aun siendo años austeros, Felipa opina que se vendían más libros antes. Ahora se hacen muchas fotocopias. Además se repiten mucho, muchas ediciones y muchas editoriales, comenta uno de los sobrinos que, junto a su hermano, ayudan a la “tía” a llevar la librería en la actualidad.

Aunque en un principio era una vida dura, difícil, Felipa recuerda esos años con añoranza: Eran años de austeridad y respeto, que ahora hay menos. Había otras relaciones más sinceras, en especial con los estudiantes, de los que guarda no pocos recuerdos gratos.

Leemos en uno de los cuadros que tiene dentro de la tienda: “A Felipa, nuestra encantadora amiga y colaboradora, como recuerdo de la noche del 24 de octubre de 1959. La Tuna Universitaria de Madrid, Escuela Social”.

Me trae un recuerdo alegre. Lo improvisaron ellos un viernes y vinieron un sábado a decírmelo. Ya no le hacen este tipo de homenajes. Los estudiantes de ahora no se acuerdan de los libreros en momentos así.

-          ¿Han cambiado mucho los gustos de los lectores en estos años?

-          Ha cambiado el dinero. Antes había menos; ahora, si hay, no lo sé.

El tedio o la tristeza ya no se combate con libros. Felipa sí lo hace y nos recomienda su libro preferido: “El espejo de ti mismo”, que aunque estés triste te pone alegre, o “Camino de perfección”; es la literatura de una mujer que vive entre libros y que se considera sin cultura y humana, que con su experiencia nos aconseja sed buenos, sin hacer mal a nadie; prácticos, porque lo que no es práctico no interesa. Hablar con el interior; el exterior dejarlo. La hipocresía, nada.

 

Libros usados

 

Dejando a un lado la parte humana de nuestro personaje, lo que más caracteriza a las librerías de esta calle, en general, es la compraventa de libros usados, idea que ya estaba desde un principio en la mente de Felipa, pero que por razones económicas ha abandonado al ser escasos los beneficios que aporta su venta.

Por otra parte, la compra de libros usados, que suponía un gran beneficio a los estudiantes, llevó a la suspicacia de ciertas personas a vender libros robados o de ciertas bibliotecas públicas, ante lo cual Felipa optó por pedir el carnet de identidad o pasaporte a quienes quisieran vender algún libro.

Felipa, a quien la edad no reprime en absoluto sus ganas de trabajar, pasa -como sus sobrinos- siete horas y media en la tienda, encargándose de servir a los compradores los libros y cobrando. No quiere sentirse inútil, ser un estorbo.

-          ¿Trabaja mucho diariamente?

-          Hombre, hijo, si no no se come.

-          Y después de cerrar la librería, ¿qué hace?

-          Después, a la iglesia. No voy mucho, sabes: los domingos.

 

(Publicado en ABC el jueves 2 de septiembre de 1982).  


 




martes, 25 de noviembre de 2025

Catálogo de periodistas españoles del siglo XX






Madrid, 1981. 719 páginas.
Edit. Facultad de Ciencias de la Información, UCM.  

Prólogo de José Altabella 


Este libro de Antonio López de Zuazo Algar (Zaragoza, 1946) contiene 14.325 fichas biográficas desde 1904, año en el que Manuel Ossorio y Bernard (1839-1904) había terminado su "Catálogo de periodistas españoles del siglo XIX". López de Zuazo define al periodista como "persona capacitada para el ejercicio profesional del periodismo en agencias, prensa, radio, televisión, cine y gabinetes de información". 





viernes, 21 de noviembre de 2025

Emilio Romero y la Facultad de Ciencias de la Información


Fue en 1971 cuando los estudios de Periodismo adquirieron el rango de carrera universitaria, según se recoge en el Decreto 2070/71 de 13 de agosto, publicado en el Boletín Oficial del Estado el día 14 de septiembre de 1971. Un mes después, el 16 de octubre de 1971, el BOE publicaba el Decreto 2478/71, de 17 de septiembre, por el que se creaban en España las dos primeras facultades en el ámbito de la comunicación: la de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid y la de la Universidad Autónoma de Barcelona.


Sería preciso para ello el acuerdo entre el Ministerio de Información y Turismo y el Ministerio de Educación y Ciencia. En febrero de 1971, el de Información y Turismo encargó el proyecto de un edificio para la Facultad en Madrid. Se construiría en el Campus de Moncloa, sobre un terreno irregular de 35.000 metros cuadrados, y tendría un presupuesto de 192.621.521 pesetas. El proyecto, aprobado el 3 de diciembre de 1971, se llevaría a cabo en dos fases. 

Mientras se ejecutaba la primera de ellas, las clases se impartieron a partir de febrero de 1972 en la sede de la antigua Escuela Oficial de Cinematografía, en la carretera de la Dehesa de la Villa. No se trasladaron al nuevo edificio hasta octubre de 1973, una vez finalizada la primera etapa de construcción del mismo. La segunda fase se prolongaría desde 1975 hasta 1979. 

El director del diario vespertino PUEBLO, Emilio Romero Gómez (1917-2003), que dirigía la Escuela Oficial de Periodismo de Madrid desde 1969, fue una figura verdaderamente esencial en la transformación de la EOP en facultad universitaria.








jueves, 20 de noviembre de 2025

"Periodistas" (artículo de Francisco Umbral)

 

Francisco UMBRAL

    Almorzando el otro día con dos jóvenes y activísimos periodistas, tuve la satisfacción de oírles perorar sobre las modalidades del género. Para aprender algo sobre un tema viejo no hay como escuchar a los jóvenes. Manu Llorente, David Gistau y Carmen Rigalt. Tema central, periodismo de autor, tan americano, y periodismo de periódico, tan español. A uno le parece muy decente la primera actitud de Gistau, como que es el más joven y se manifiesta partidario de la segunda persona por respeto a la primera. Efectivamente, la primera persona del periódico puede resultar anticipada, pretenciosa, excesiva. El nuevo periodista suele manifestarse en segunda, entre otras cosas porque no hay manera de asumir el protagonismo de la nieve o de los leones, que son así como de la Metro asumiendo la primera. Por otra parte, esta primera la protagoniza mejor un equipo editorial o un empresario, metidos ya en el periodismo capitalista. Gistau nos prueba que él, pese a sus libros, sus viajes y sus bodas, es un chico modesto de treinta y pocos años que prefiere ir paso a paso mejor que zancada a zancada. 

Rastro de zancadillas

La zancada siempre nos deja un rastro de zancadillas. Manu Llorente, que ha ido trasminando el profesionalismo máximo de Pedro J., se atreve ya a intentar y modelar la primera persona. Quiere uno decir que Manu ha entendido su oficio como vida y su vida como oficio. No descansa nunca porque nadie se cansa de vivir. Así como hemos dicho que el periodismo americano tiene protagonista individual o colectivo, pero muy personalizado, digamos ahora que el periodismo europeo prefiere el rigor del periodismo colectivo ahora que la literatura vuelve a fichar incluso al maestro Heidegger. Carmen Rigalt, siempre en tertulias de hombres, aporta aquí su nuevo peinado, su escote blanquísimo, su tabaco y su protagonismo en cuanto a la literatura de periódico. Carmen no necesita segunda persona, en esta época de personificaciones y master, porque su estilo no es de academia sino el sabio estilo intuitivo de toda mujer cuando coge la pluma o el ordenador para contar su vida. El periodismo es el estilo hembra. En mi juventud los estilos todavía eran sexos, de Virginia Woolf a Simone de Beauvoir. Y todavía podemos enumerar todo el periodismo mecánico, desde el cine a la ciencia-ficción. La televisión es el género doméstico de la mujer, desde la vieja Singer a Oriana Fallaci o la Olivetti. Estos chicos son permisivos y hacen literatura a costa de cualquier género y de cualquier herramienta. David utiliza ya como protagonismo su treintena, Carmen su feminismo y Manu el influjo y efecto inmediato de su cercanía, que es la de un gran joven y un plural viejo. La batalla de los master no está de más porque lo que mejor se estudia es lo que al tiempo se vive. Ejemplo máximo de esto que digo pudiera ser la prosa femenina, cuando no muere por saturación, que es ya la novela rosa. Esta novela rosa no es periodismo, pero tampoco es literatura. Es periodismo cuando nos cuenta una boda fastuosa, tomando la información de lo que hoy llamamos prensa del corazón. La paella, muy lograda. 


EL MUNDO, 12 julio 2007

Foto: Asia Martín








miércoles, 19 de noviembre de 2025

"Streaking en nuestra facultad" (artículo de José Luis Castillo-Puche)







                                    José Luis CASTILLO-PUCHE


        Me ha tocado presenciarlo y se me pide que lo cuente. Como además yo he sido siempre partidario de contarlo todo -o casi todo-, acudo a este casi deber. Por otra parte, este fenómeno del “streaking”, ya sea a nivel mundial, ya a nivel de nuestra clase estudiantil, bien merece un breve comentario.

La cosa fue muy rápida, como corresponde al nombre mismo de esta manifestación que parece estar de moda. A los diez minutos de haber entrado en clase, las puertas del aula se abrieron violentamente y una especie de comparsa de jóvenes irrumpieron en ella, dejando paso, una vez dentro, a tres de ellos completamente desnudos que avanzaron impertérritos hasta llegar a la misma tarima del profesor, donde se entabló un forcejeo, más bien de palabras, que duró apenas un minuto. Rechazados por el profesor y el alumnado, en su mayoría con gritos de “fuera”, “fuera”, los “streakers” se alejaron con el mismo ruido de cencerros y cascabeles con que habían entrado. Hay que decir que hubo también entre los alumnos un grupo que los aplaudió y parecía estar de acuerdo plenamente con su presencia y filosofía. La intención de hacer no sé qué demostración, o de leer un manifiesto, no pudo verificarse, y además el hacerlo hubiera desvirtuado la naturaleza del hecho, que por lo visto ha de consistir en una aparición inesperada y fugaz. Una vez que se fueron, el profesor pidió a los alumnos -puesto que se trata de una clase de redacción y estilo- que redactaran un folio sobre lo que habían presenciado. Hasta aquí el hecho y la noticia. 

Personas superficiales -incluso entre nuestros estudiantes- pensarán que ya nuestra sociedad ha alcanzado un nivel a la altura de países superdesarrollados en esto de sacar nuestras desnudeces a la calle; otros incluso consideran, sin más, que se trata de seguir borreguilmente una moda y de imitar lo que se hace fuera sin preguntarse el por qué ni para qué. Sin embargo, dejando aparte el descaro y la ofensa que el “streaking” puede representar para nuestra sensibilidad y para el pudor heredado y establecido -por supuesto, eso es lo que se busca-, es preciso admitir que la corriente indetenible de la historia del hombre se vale a menudo de seres que unas veces llamaríamos ciegos instrumentos, otras veces diríamos que son inocentes, o insensatos, u osados. Y decimos esto porque justamente una clase de más de ciento sesenta universitarios presenciando el hecho del “streaking” y dejando constancia escrita de su reacción inmediata, parece un campo suficientemente amplio, adecuado y oportuno para sacar algunas consecuencias, ya que ciento sesenta ejercicios escritos sobre el hecho tienen prácticamente el valor de una encuesta, y tengo que decir que, en general, sin dejar de condenar el hecho -que muchos incluso califican de “asqueroso”-, lo admiten, sin embargo, como un acto de protesta legítima, la única forma de protesta no violenta -dice uno de estos alumnos- que quedaba sin experimentar

El mito de Adán buscando escondite


Podemos con toda seguridad afirmar, a la vista sobre todo de sus escritos, que muchos de los alumnos presentes son más avanzados de ideas, más progresistas y convencidos de que hay mucho que cambiar en la sociedad, que los manifestantes en cueros vivos, y, sin embargo, serían personalmente incapaces de exponer su vestida personalidad a la prueba del “streaking”. En general admiten la legitimidad de toda protesta, pero califican el hecho de “desvergonzado” y casi en general de cobardía por llevar los “streakers” la cara tapada con caretas. Algunos se preguntan si no hay otros modos de desterrar prejuicios -saliendo a relucir, por supuesto, la típica represión hispánica-, falsos pudores, convencionalismos, etc. Yo me desnudo -diría una de las alumnas- de mi vergüenza para no daros vergüenza, y otro escribe: La moda del “streaking” no es un símbolo de aberración de la juventud. No condenemos el fenómeno como sucedió -en su tiempo- con el ya demodado estilo hippy o beatnik. Al lado de estas opiniones están los que aciertan a considerar una de las condiciones del hombre, como tal: la de ir vestido, sobre todo el hombre civilizado. Tampoco faltan -y esto nos da idea de la madurez del alumnado- los que relacionan la vestimenta con el complejo de culpa del hombre, este traído y llevado complejo en acuciante relación con la angustia existencialista, que se manifiesta en toda la protesta juvenil actual. Efectivamente, en cada “streaking” se repite el mito de Adán buscando escondite para sus vergüenzas en la fronda del Paraíso ya perdido. La presencia de los muchachos desnudos causó en todos la sensación de nuestra propia desnudez. ¿Estamos preparados para afrontarla? El hecho significativo es que los “streakers” consideraron necesario llevar caretas, ¿Es que es posible, todavía, volver a la inocencia? Muchos alumnos y alumnas han aludido a la sensación de tristeza y de vacío. Por mucho “distanciamiento” que queramos buscar en el análisis del fenómeno tropezaríamos siempre con la necesidad de eludir, por el camino que sea, esa realidad, pura realidad, que propugnan los antropólogos. Los “hippies” han impuesto las melenas y no ha pasado nada, nada se ha hundido. El “streaking” como fenómeno más o menos heredero de la débâcle “hippy” pretende una mayor demolición, pretende demasiado quizá, casi nada, dejarnos a solas con nuestra desnudez, que es igual que decir con nuestra conciencia de culpabilidad.  

Uno de los alumnos, dotado de excepcional aliento poético -pero cuya identidad prefiero dejar incógnita por ahora- construyó sobre la marcha un poema que comienza así: Tres cuerpos han mordido / todas las vestimentas sociales. / Han deshecho los cánones, / han roto los muros del pantalón y la chaqueta. / Tres cuerpos tan sólo / nos han desnudado a todos. / Hay gritos de “fuera”, risas. / Pero … / dentro, dentro, todos estábamos desnudos.

¿Hasta qué punto estamos preparados para una cierta frecuencia de estos choques? Sólo podríamos decir que el mundo de hoy es bastante distinto al que precedió al movimiento “hippy”. Sin embargo, y porque en nuestra idiosincrasia impera siempre el rasgo humorístico, quiero transcribir también lo que ha escrito otro alumno que ha tomado la cosa por el lado del humor: Hoy en día -dice- no se puede andar desnudo por ahí. Necesitamos llevar un carnet que nos identifique. Es obligado llevar por lo menos corbata para mantener buenas relaciones públicas. ¿Y qué haríamos sin los bolsillos de una chaqueta? ¿Dónde guardaríamos la agenda,  el bolígrafo? ¿Qué haríamos con el paquete de cigarrillos? Se alarmarían las fábricas de tejidos y perderían el empleo las encargadas del guardarropa en los cines.

Sí, son demasiadas cosas ligadas a nuestro vestido. En realidad, este encuentro tan directo con los “streakers” nos ha hecho pensar; pero hoy quiero tan sólo cumplir al estilo latino del relata refero con el material aportado por los alumnos, a los que también ha tocado ser testigos inmediatos del hecho. Evidentemente, un enfrentamiento personal con la experiencia podría llevarnos a meditaciones mucho más conflictivas.

 





El asesinato de los abogados de Atocha

 


Una noche de enero

Acabábamos de iniciar el segundo trimestre de 4º de carrera, cuando se produjo una noticia que marcó profundamente nuestros años de estudiantes y el proceso de la Transición política puesto en marcha en España tras la muerte del general Franco.

El lunes 24 de enero de 1977, entre las 22:30 y las 22:45 horas, un comando ultraderechista integrado por tres personas entró en un despacho de abogados laboralistas de Comisiones Obreras y militantes del PCE, situado en el número 55 de la calle Atocha (plaza de Antón Martín), y asesinó a tiros a cinco personas y dejó gravemente heridas a cuatro. Según apuntarían después los medios de comunicación, los tres terroristas iban buscando a Joaquín Navarro Fernández, secretario general del Sindicato de Transportes de CC.OO en Madrid, convocante de unas huelgas que habían contribuido a desmantelar en buena parte la estructura sindical del franquismo en el sector del transporte.

Los fallecidos en el atentado fueron los abogados Enrique Valdelvira Ibáñez, Luis Javier Benavides Orgaz y Francisco Javier Sauquillo, el estudiante de Derecho Serafín Holgado y el administrativo Ángel Rodríguez Leal. Los heridos, Miguel Sarabia Gil, Alejandro Ruiz-Huerta Carbonell, Luis Ramos Pardo y María Dolores González Ruiz.   

Nada más oír la noticia en la radio, algunos cogimos el metro hasta Antón Martín, con el carné de la Facultad en la cartera. Llegados allí, percibimos el ambiente de tensión en medio de una noche fría y lluviosa. Vehículos policiales. Sirenas. Curiosos con paraguas. Siluetas amontonadas. Nos acercamos al portal todo lo que pudimos. 









lunes, 17 de noviembre de 2025

Entrevista a Carlos Luis Álvarez, "Cándido"

 



            ENTREVISTA                


“Nos llamaban ultras, carrozas, a los que escribíamos bien”

 

HIGINIO DEL RÍO 

Carlos Luis Álvarez, Cándido (Oviedo, 1930) sobrelleva con resignación la etiqueta de periodista “gubernamental”. Le pregunto que qué seducción tiene el PSOE para los intelectuales.


El socialismo lleva en sí una raíz de progresismo y de libertad que tiene que atraer a los intelectuales. Por lo demás, no advierto una seducción excesiva por parte del poder. Puede haber una adhesión en cuanto a un proyecto histórico común. Este es mi caso. Estoy de acuerdo con el proyecto histórico del socialismo, aunque disiento en algunas partes de carácter instrumental o parcial. Con buena o mala fe estoy pasando por un periodista gubernamental, pero por lo menos habría que decir en mi descargo que gratis.


He venido a verle a su despacho en la agencia OTR/Press, donde es director de servicios especiales, y hablamos de periodismo y de política.  


Los periódicos españoles nunca han estado peor escritos que ahora. Nunca han sido tan superficiales. Nunca han sido tan precipitados en los juicios y nunca los juicios han sido tan endebles. 


En este panorama, ¿los columnistas tenéis que ser agresivos y graciosos, como recurso literario para crear en el lector opiniones más firmes?


El fundamento de escribir, sobre todo de escribir diariamente, es la sinceridad. Yo me esfuerzo en escribir, no en ser agresivo o gracioso. Pero, efectivamente, ya decía Ortega que el periodismo es invectiva, es decir, capacidad de agresión. Y por otra parte el humor entendido como una de las especies más subidas de la civilización tiene que ser también uno de los condimentos de la columna. Lo que procuro yo todos los días es huir de lo obvio .

 

Para Cándido, escribir lo obvio es aún peor que escribir mal. 


No se trata de huir de lo obvio para caer en la originalidad como obligación diaria, sino con objeto de que te sigan leyendo. A alguien que escribe mal se le puede leer a la busca de alguna idea, aunque esté mal expresada, pero a quien no se lee es al que escribe lo que está de más, los lugares comunes, que el bueno es bueno y el malo es malo.  


Últimamente se acusa a los periodistas de incurrir en un lenguaje burdo, contagiados, quizá, por la pobreza de términos que manejan los políticos. 


En eso han venido a coincidir dos desgracias. Primero, que no hay grandes políticos, sobre todo que no hay grandes oradores, no hay grandes parlamentarios, no hay grandes escritores en la clase política, cosa sorprendente en España, que ha tenido quizá el Parlamento más elocuente, lo mismo de derechas que de izquierdas. Y segundo, una crisis del periodismo profundísima en la que es muy difícil encontrar a alguien que escriba bien. 


Carlos Luis tiene muy claro su diagnóstico: 


Los periódicos españoles están rematadamente mal escritos. Lo estaban mucho mejor durante el franquismo. Han ocurrido varios fenómenos: el primero es la rebelión ante la enseñanza en los últimos años del régimen, en los que la pura atención a la rebeldía frente a la situación hacía olvidar que las disciplinas se aprenden disciplinadamente. Han salido de las escuelas y han entrado en los periódicos personas que no se han educado en una redacción, larga y penosamente. Y por otra parte ha habido una ingenuidad dramática, y es que así como se escribía bien en el franquismo, en general, las jóvenes y aturdidas generaciones de periodistas que accedían a los periódicos identificaron el escribir bien con la dictadura. Nos llamaban ultras, carrozas, a los que escribíamos bien.   


¿...? 


No solamente hubo una eclosión social de relaciones, de costumbres, desde la ingenua manía de los desnudos en el teatro. La gente se desnudaba sin que eso viniese a cuento, porque más que una exhibición erótica era un desafío político. De la misma manera hubo una especie de suelta de la sintaxis, de las palabras, de los modismos barriobajeros. Todo valía. Era la libertad por la libertad, y así empezaron a escribir los periódicos. No tienes más que cogerlos y darte cuenta de que están deshaciendo el idioma a martillazos. Naturalmente, sin ganar ninguna elocuencia. 



Resumen de una entrevista publicada en HOJA DEL LUNES de Oviedo el 11 de mayo de 1987.

Carlos Luis Álvarez Álvarez fallecería en 2006, a los setenta y ocho años.  

 

 

 

 







domingo, 16 de noviembre de 2025

Un tipómetro para toda la vida





El tipómetro, discreta herramienta de trabajo que cabe en cualquier sitio, es un testimonio de nuestros tiempos universitarios. Lo llevábamos siempre en nuestra carpeta azul de cartón, entre los folios de los apuntes, y lo conservamos ahora en algún cajón de nuestro escritorio.   

Lo habíamos comprado en octubre de 1974, recién empezado el segundo año de carrera, siguiendo las indicaciones de Luis Arranz Ayuso, el profesor de Historia y Técnicas de Composición e Impresión. El establecimiento donde se vendía era un edificio de la calle Princesa número 65, sede de la imprenta y fundición tipográfica Richard Gans, histórica empresa que lo fabricaba desde 1888.

Con el tipómetro hacíamos los ejercicios de composición de páginas, sobre unas hojas tipo tabloide. Medíamos y contábamos letras, espacios y líneas de texto para aplicar correctamente los puntos Didot. Nos organizábamos en equipos de cuatro o cinco alumnos. Uno de los grupos lo integrábamos Juan José Revuelta Plaza, Higinio del Río Pérez, Carlos Rubio, Salomón Sanz Cabrera Alejandro Vega Fernández(Salomón, que trabajaba en el diario PUEBLO, era ya entonces un destacado confeccionador profesional). 


Sede de la imprenta Richard Gans, en Princesa 65.






sábado, 15 de noviembre de 2025

Asignaturas de los cinco cursos de la carrera


 

Los estudios de Periodismo adquirieron el rango de carrera universitaria en 1971, según recoge el Decreto 2070/71 de 13 de agosto, publicado en el Boletín Oficial del Estado el día 14 de septiembre de 1971. El BOE publicará, el 16 de octubre de 1971, el Decreto 2478/71, de 17 de septiembre, por el que se creaban en España las dos primeras facultades de estudios de la comunicación: la de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid y la de la Universidad Autónoma de Barcelona.


Fue preciso, previamente, el acuerdo entre el Ministerio de Información y Turismo y el Ministerio de Educación y Ciencia. En febrero de 1971, el de Información y Turismo encargó el proyecto de un edificio para la Facultad en Madrid. Se construiría en el Campus de Moncloa, sobre un terreno irregular de 35.000 metros cuadrados, con un presupuesto de 192.621.521 pesetas. 

El proyecto, aprobado el 3 de diciembre de 1971, se ejecutaría en dos fases. Durante la primera, y a partir de febrero de 1972, las clases se impartieron en la antigua Escuela Oficial de Cinematografía, en la carretera de la Dehesa de la Villa. Hasta octubre de 1973, una vez acabada la primera etapa, no se trasladaron al nuevo edificio. 

La segunda fase se prolongaría desde 1975 hasta 1979. 

Emilio Romero Gómez (1917-2003), que dirigía la Escuela Oficial de Periodismo de Madrid desde 1969, fue una figura esencial en la transformación de la EOP en facultad universitaria.




Primer curso de la 3ª promoción 

(1973-1974):



TEORÍA GENERAL DE LA INFORMACIÓN. 
Profesor: Federico Ysart Alcover.
(Lunes y miércoles, de 10:00 a 11:00 h.).

ANÁLISIS DE LAS FORMAS DE EXPRESIÓN AUDIOVISUAL.
Profesor: José María Torre Cervigón.
(Lunes y miércoles, de 11:00 a 12:00 h. Viernes, seminario, de 10 a 11.).
 
REDACCIÓN I.
Profesor: José Luis Castillo-Puche.
(Lunes y miércoles, de 12:00 a 13:00 h. Viernes, seminario, de 12 a 13.).

LENGUA ESPAÑOLA.
Profesor: Manuel Mourelle de Lema.
(Martes y jueves, de 9:00 a 10:00 h.).

INTRODUCCIÓN AL MUNDO ACTUAL. 
Profesor: José Álvarez Junco
(Martes y jueves, de 10:00 a 11:00 h.).           

SISTEMAS FILOSÓFICOS 
Y ESTRUCTURAS CULTURALES CONTEMPORÁNEAS.
Profesor: Jorge Uscatescu.
(Martes y jueves, de 11:00 a 12:00 h.).

INSTITUCIONES JURÍDICO-POLÍTICAS.

Profesor: Manuel Coma.
(Martes y jueves, de 12:00 a 13:00 h.).

 

 

Segundo curso (1974-1975):

 

TEORÍA Y TÉCNICA DE LA INFORMACIÓN AUDIOVISUAL.
Profesor: Mariano Cebrián Herreros.
(Lunes y miércoles, de 9:00 a 10:00 h. Viernes, seminario, de 9 a 10.).

ESTRUCTURAS SOCIALES Y ECONÓMICAS DEL MUNDO ACTUAL.

Profesor: Constantino García Pérez.
(Lunes y miércoles, de 11:00 a 12:00 h.).

GEOGRAFÍA HUMANA.

Profesora: Natividad Jiménez.
(Martes y jueves, de 11:00 a 12:00 h.).

LITERATURA ESPAÑOLA.

Profesor: Ramón Pedrós Martí.
(Lunes y miércoles, de 10:00 a 11:00 h. Viernes, seminario, de 10 a 11.).

REDACCIÓN II.

Profesor: Antonio López de Zuazo Algar.
(Martes y jueves, de 10:00 a 11:00 h., y los miércoles de 12:00 a 13:00 h.). 
          
HISTORIA Y TÉCNICAS DE COMPOSICIÓN E IMPRESIÓN.
Profesor: Luis Arranz Ayuso.
(Lunes, de 12:00 a 13:00 h., y martes y jueves de 9:00 a 10:00 h.).

 

 

Tercer curso (1975-1976):

 

HISTORIA CONTEMPORÁNEA DE ESPAÑA.
Profesor: A. G. Rosón Alonso.
(Miércoles, jueves y viernes, de 9:00 a 10:00 h.).

SOCIOLOGÍA.

Profesora: Amelia Jiménez.
(Lunes y martes, de 12:00 a 13:00 h., y viernes de 11:00 a 12:00 h.).

LITERATURA UNIVERSAL.

Profesor: José Vila Selma.
(Lunes y martes, de 10:00 a 11:00 h., y jueves de 11:00 a 12:00 h.).
 
DERECHO DE LA INFORMACIÓN.
Profesor: José Menéndez.
(Lunes, martes y miércoles, de 11:00 a 12:00 h.).

REDACCIÓN III.

Profesor: Tomás Martín Arnoriaga.
(Miércoles, jueves y viernes, de 12:00 a 13:00 h.). 
           
TECNOLOGÍA DE LA INFORMACIÓN.
Profesor: Luis Arranz Ayuso.
(Miércoles, jueves y viernes, de 10:00 a 11:00 h.). 
 

 

 

Cuarto curso (1976-1977):

 

EMPRESA INFORMATIVA.
Profesor: Carlos Coca Pérez de Lis.
(Martes, miércoles y jueves, de 9:00 a 10:00 h.).

HISTORIA DEL PERIODISMO UNIVERSAL.

Profesor: Enrique Ríos.
(Miércoles, jueves y viernes, de 11:00 a 12:00 h.).

ESTRUCTURA DE LA INFORMACIÓN PERIODÍSTICA.

Profesor: Laureano García Hernández.
(Martes, jueves y viernes, de 12:00 a 13:00 h.).

TEORÍA DE LA INFORMACIÓN.

Profesor: Ángel Benito Jaén.
(Martes, miércoles y jueves, de 10:00 a 11:00 h.).

OPINIÓN PÚBLICA.

Profesor: Eduardo Calvo.
(Martes, de 11:00 a 12:00 h., miércoles, de 12:00 a 13:00, y viernes, de 10:00 a 11:00 h.). 
         

  

 

Quinto curso (1977-1978):

 

ÉTICA Y DEONTOLOGÍA PROFESIONAL.
Profesor: Francisco Vázquez Fernández.
(Martes y miércoles, de 12:00 a 13:00 h., y viernes de 11:00 a 12:00 h.).

DOCUMENTACIÓN.

Profesor: Félix Sagredo Fernández.
(Martes, de 9:00 a 10:00 h., y jueves y viernes de 10:00 a 11:00 h.).

INFORMACIÓN PERIODÍSTICA ESPECIALIZADA.

Profesor: Javier Fernández del Moral.
(Miércoles, jueves y viernes, de 9:00 a 10:00 h.).

RELACIONES INTERNACIONALES.

Profesor: José Antonio Campoy Sanz-Orrio.

HISTORIA DEL PERIODISMO ESPAÑOL.

Profesor: José Altabella Hernández.

 

 

 

 

 

 

Cuando ya nada es urgente

  Madrid, 2025. 304 páginas. Edit. HarperCollins.    D e sde la perspectiva de una serena y activa jubilación, nuestro compañero de promoció...