Recuerdos de la 3ª promoción de Periodismo, Facultad de Ciencias de la Información (UCM) / Apuntes sobre un oficio
viernes, 6 de febrero de 2026
miércoles, 4 de febrero de 2026
"50 años de aquel 20N de 1975, toda una vida"
Franco ha muerto
Franco ha muerto
Franco ha muerto
Escalonadamente, así saltó el teletipo de Europa Press aquella madrugada del 20 de noviembre de 1975, creo recordar que minutos antes de las cinco de la madrugada. Cuenta ahora el ex rey, Juan Carlos I, que "a demanda de su hija, se le dejó morir". No sé si esto fuera cierto, después de tantos días de agonía.
En la redacción de Nuevo Diario estábamos solamente el empleado del departamento de teletipos, donde también había un primitivo fax por el que recibíamos algunos documentos gráficos. Tras ese teletipo escueto pusimos en marcha a la redacción y la maquinaria de impresión y al amanecer fueron apareciendo periódicos con la noticia y diverso tratamiento informativo. Televisión Española, la única en aquella época, apareció más negra que de costumbre. Si ya emitía en blanco y negro, esa mañana Carlos Arias Navarro, presidente del Gobierno, vestido con un traje negro, apareció tenebrosamente negro y con un semblante sollozante y lacónico: "Españoles... Franco ha muerto".
Llevábamos en los diarios preparando el acontecimiento con informes sobre los últimos acontecimiento y sobre la larga historia del franquismo, aunque sobre ésta fueran diferentes las versiones de cada medio. Pero prácticamente todo estaba ya previsto. Desde hacía varias semanas en las redacciones de agencias, periódicos y medios radiofónicos radicados en Madrid se mantenía una guardia permanente, noche y día, con retenes continuos en el gran hospital donde se encontraba el mandatario, aunque al principio hubiese ciertas dudas sobre su estancia en distintas instituciones sanitarias del Estado, ya que durante su flebitis del año anterior había sido internado en otra clínica hospitalaria.
Personalmente realicé un sinnúmero de guardias nocturnas en las salas de espera del gran hospital de La Paz, donde se mantenía muy poca infraestructura de comunicaciones para informaciones de emergencia. Además, la cafetería de la sede sanitaria se encontraba en un pequeño inmueble fuera del gran edificio hospitalario, por lo que había que salir para conseguir un café o algún alimento de sostenimiento para resistir las horas de guardia nocturna.
Medios mimetizados
No recuerdo que fuese un otoño frío en demasía pero sí triste en cuanto al sol y lluvias. El amanecer de ese 20 de noviembre (20N) sí fue gris y frío. Y, por supuesto, los medios se mimetizaron con la noticia tornando sus portadas con color en negro, un luto que prácticamente llevaba preparado hacía tiempo a la espera de la posible ilustración gráfica del momento. ¿Significaba aquella muerte una liberalización de las publicaciones? Ni mucho menos. Las portadas daban la respuesta clara, la foto del fallecido ya decrépito o del presidente Arias Navarro lo decía todo. Y el "testamento" de la instauración monárquica lo refrendaba. La prensa ya llevaba una temporada en guardia: el 27 de septiembre con los fusilamientos de condenados por terrorismo; la "descolonización" del Sahara con el envalentamiento -por sus primeros éxitos con la detención de pesqueros españoles en aguas saharianas desde el año 1972- de Hassan II lanzando la Marcha Verde, el surgimiento de asociaciones políticas, no partidos... Días más tarde se confirmó en el hecho de las manifestaciones habidas en Madrid, una ante el edificio donde tomó posesión Juan Carlos I, otra ante la fachada de la cárcel de Carabanchel donde se exigía la liberación de los presos políticos que el franquismo mantenía encerrados, sindicalistas y políticos contrarios a la dictadura. La represión continuó y fueron numerosos los detenidos, entre otros, varios periodistas.
Mi pertenencia a la redacción de Nuevo Diario me llevó a realizar bastantes retenes nocturnos en la fría sala de espera del hospital de La Paz, y luego en la redacción del periódico de la calle Padre Damián, a unos centenares de metros del estadio Santiago Bernabéu y apenas dos kilómetros del centro hospitalario donde permanecía Franco "totalmente consciente", según relata en su libro el ex rey.
En la redacción del periódico madrileño, que salió por primera vez a la calle un día 8 de septiembre de 1967, fiesta de Covadonga, llevaba unos cinco años, la mayoría en labores de cierre de las ediciones.
Meses después de aquel 20N, el 23 de febrero de 1976, Lucas María de Oriol, que se había hecho con el diario tras diversos cambios de propietario, decidió cerrar el periódico, que entonces ya no representaba al ala liberal del Opus Dei fundador.
Cuando salimos de la redacción con la primera edición de ND la televisión ofrecía la negra imagen de Arias Navarro dando la noticia. Ya oímos algunas voces gritando "Franco, Franco". Llevábamos más de 39 años de restricciones informativas, sin democracia.
(Publicado en LA NUEVA ESPAÑA, 20 de noviembre 2025).
jueves, 29 de enero de 2026
El reportero
Madrid, 1963. 204 páginas.
Edit. Rialp.
Prólogo de José Luis Martínez Albertos.
Este libro de Alfredo Amestoy Eguiguren (Bilbao, 1941) nos había sido recomendado en el primer año de carrera. Se nos insistió mucho en ello, pero estaba agotado. Su autor, al parecer, no accedió a publicar más que la primera edición. Cincuenta y un años después de la recomendación pude adquirir -y en muy buen estado- un ejemplar en la librería Alcaná de Madrid.
La obra constituye un manual del reporterismo de nuestros
días. Más que teorizar acerca del reportaje, pretende comunicar experiencias
adquiridas en el ejercicio de la profesión periodística. “Es un valioso
conjunto de experiencias extraordinariamente prácticas que puede servir de
vademécum en los comienzos de su trabajo a muchos jóvenes periodistas”, en
palabras del prologuista, el profesor de la Facultad Martínez Albertos. (Foto: Begoña Rivas, EL MUNDO).
Los generales que salvaron la democracia
Madrid, 2007. 266 páginas.
Edit. Espejo de Tinta.
Nuestro compañero Manuel de Ramón Carrión (Madrid, 1954), se propuso contar en este libro la vida de los militares que respaldaron la Transición, pero también la de otros que intentaron torcer la voluntad popular.
La Transición política española fue posible gracias a la combinación de una serie de factores sociológicos, económicos, históricos y también personales, que permitieron alcanzar un consenso nacional. En el plano personal, tanto los políticos conocidos como los ciudadanos anónimos, expresaron su voluntad de no caer en los mismos errores de cuarenta años atrás. Se optó por olvidar y perdonar. La Transición fue el momento más brillante de la historia contemporánea de España, incluso con sus claroscuros y sus errores. Todo este proceso tuvo un testigo casi siempre silencioso que dejó hacer, pese a algunas sacudidas muy concretas y de corta duración: el Ejército español, que se mantuvo al margen de la política y asumió la evolución.
domingo, 25 de enero de 2026
"Urge regresar al periodismo"
Declaración de la Asociación de la Prensa de Málaga, en la festividad de San Francisco de Sales, patrón de los periodistas
El periodismo serio, riguroso y de proximidad se convierte cada día más en la esperanza de la profesión. Su importancia y, especialmente, su aceptación por la ciudadanía, se han evidenciado con rotundidad en la tragedia del accidente ferroviario de Adamuz (Córdoba). Se trata de una evidencia ilusionante en un momento complejo, en el que los datos muestran una grave crisis de la confianza ciudadana ante el desprestigio de la profesión, consecuencia, entre otros factores, de una precariedad creciente. Si bien se ha producido una ligera reducción del desempleo, persisten los bajos salarios y las jornadas extensas, y se incrementan los falsos autónomos, situaciones laborales que, junto a la desafección y la imagen negativa de su labor, impactan ya en la salud mental de los profesionales, con niveles de estrés o ansiedad preocupantes.
La confianza en el periodismo es centro del debate. Los datos alertan del avance de la pérdida de credibilidad y nos indican que, de manera inaplazable, se deben de emprender iniciativas orientadas a reforzar la transparencia y la identificación clara de la información fiable, donde los hechos estén verificados y las fuentes sean expresas y de calidad. Hay numerosos indicadores que muestran la magnitud del problema y la urgencia en solucionarlo. Entre ellos, el último Informe anual de la profesión, que edita la Asociación de la Prensa de Madrid, subraya cómo la confianza general en los medios ha caído en 2025 a 5,4 puntos (en una escala de 1 a 10) y que la credibilidad de los periodistas entre los jóvenes es menor que la de otras fuentes en redes sociales, donde ganan terreno los influencers.
Estamos asistiendo a un desmantelamiento del Periodismo como derecho ciudadano y pilar democrático. Parece oportuno hoy, con motivo de la celebración del patrón de los periodistas, San Francisco de Sales, renovar nuestro compromiso de contribuir a dignificar esta profesión. Seguiremos reivindicando la mejora de las condiciones laborales, porque es una vía segura para favorecer la vuelta a un periodismo que cumpla plenamente su función de servicio público, recobre su finalidad como contrapoder y frene el auge de los populismos y la degradación de la democracia. Será necesario también recuperar el respeto a la profesión por parte de gobiernos, instituciones y demás estamentos de la sociedad.
"ACTITUDES INTOLERABLES SE HACEN CADA DÍA MÁS HABITUALES, COMO SON LAS RUEDAS DE PRENSA SIN PREGUNTAS, LA EXCLUSIÓN DE PERIODISTAS Y MEDIOS DE CONVOCATORIAS INFORMATIVAS, LOS INTENTOS DE IMPONER O LIMITAR PREGUNTAS, EL SEÑALAMIENTO A PERIODISTAS"
Denunciaremos siempre medidas y decisiones que degraden aún más la figura y el rol del periodista. Algunos intentos de regular la profesión avanzan en esta dirección, como el anteproyecto de ley sobre el secreto profesional, por el que cualquiera que busque, trate o difunda información sería considerado periodista. Se menosprecia una vez más la formación universitaria específica, igual que sucede con tantas convocatorias públicas de empleo, en las que tampoco se exige titulación.
Los ataques al libre ejercicio del periodismo se suceden, con prácticas descaradamente antidemocráticas ante las que no se ponen freno desde las propias empresas de medios, una inacción que también las desacredita. Actitudes intolerables se hacen cada día más habituales, como son las ruedas de prensa sin preguntas, la exclusión de periodistas y medios de convocatorias informativas, los intentos de imponer o limitar preguntas, el señalamiento a periodistas, el acoso online, entre otras.
Regresemos al ejercicio de un periodismo serio y riguroso, a medios que busquen informar y no polarizar, y mantengámonos unidos para alzar la voz contra todo aquello que mina los cimientos de nuestra profesión e impide garantizar el derecho a la información de la ciudadanía.
El proyecto radiofónico TRABOCORDIA, con alumnos de la Facultad (1978)
En los primeros días de 1978 se puso en marcha por tercera vez un curso de radio promovido por la Cadena SER y Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Madrid, para el que fueron seleccionados quince alumnos de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense: Inés Alba, José María Alfajeme, Alicia Buyo, Carmen Carreño Bolaños, Irene Fernández, Mercedes Fonseca, Miguel Ángel Guardia, Javier Hernando, Miguel Ángel del Hoyo Pérez, Benjamín Llorens, Francisco Murillo, Antonio Navarro Vázquez, Mercedes de Pablos, María Isabel Pérez Barrios y Juan José Piñeiro.
Cuando terminó el curso, en el verano de aquel año, la mayoría tendrían la oportunidad de hacer prácticas en diferentes
emisoras.
José María Alfajeme llegó a ser jefe de producción del programa Hoy por Hoy de la SER y responsable de la programación local de la Cadena COPE en Madrid; Miguel Ángel del Hoyo, jefe de informativos de Radio Granada; Javier Hernando, director de las emisoras de la SER en Albacete y director regional en Extremadura y Baleares; Irene Fernández se incorporaría a Telemadrid; Juan José Piñeiro se destacaría como guionista de radio; Maribel Pérez Barrios informaría, como enviada especial, de conflictos que convulsionaban varias zonas del planeta; y Benjamín Llorens ejerció su tarea informativa en emisoras de la SER en Alicante y en Murcia.
(Del blog NUNCA ESTUVE EN N. Y. (22 de septiembre, 2012).
sábado, 24 de enero de 2026
"Polanco"
Pedro J. RAMÍREZ
Polanco es un poder fáctico uninominal equivalente a
lo que en épocas diversas representaron la Iglesia, la Banca o el Ejército.
Su red de párrocos y capellanes tal vez sea algo menor,
su liquidez no tan abultada y sus fuerzas de choque más reducidas, pero hay que
remontarse cinco siglos en la Historia para encontrar en manos de una de estas
instituciones un arma tan formidable sobre el control de las conciencias como
la poliédrica hegemonía sobre la industria cultural que este hombre ostenta.
Novelistas, poetas, ensayistas, dramaturgos,
catedráticos, reporteros, columnistas, actores, actrices, directores-estrella,
músicos, cantantes y, por supuesto, políticos de todos los pelajes le bailan el
agua sabedores de lo mucho que sus favores, inquinas o meros desdenes pueden influir
en su triunfo, fracaso u ostracismo. Lo hacen además cómodamente arrullados en
la más eficaz adormidera, porque Polanco, un hombre -al igual que sus dos
primeros espadachines- profundamente enraizado en el franquismo, tuvo hace
veinte años la habilidad para aprovechar esa ventaja estratégica y, estando en
el lugar correcto en el momento correcto, quedarse con la patente de un
sedicente progresismo que por mor de la implacable ley del péndulo iba a
convertirse en palanca, coartada y superstición de varias generaciones de
españoles.
Nuestra sociedad ha alcanzado la suficiente madurez
como para que las críticas episódicas de un dirigente político o un medio de
comunicación al jefe del Estado no sean entendidas sino como expresiones de
normalidad y pluralismo. Y del Rey abajo, ninguno. Ninguno… excepto Jesús
Polanco. Cualquier revelación o denuncia contra el gran magnate por parte de
los contados medios que nos atrevemos a formularla es inmediatamente entendida
como un desafío merecedor de implacable represalia. La simple mención de su
nombre, la mera aparición de su efigie en la televisión pública en relación con
el penúltimo caso de corrupción con el que efectivamente está relacionado, es
ya considerada como una agresión intolerable, materia de anatema y piedra de
escándalo.
Hace unos días un gran diario de amplia tradición
liberal censuró su edición para omitir un artículo crítico contra Polanco de
uno de sus más brillantes y sólidos articulistas. Simultáneamente las dos
únicas cadenas de televisión privada a las que tienen acceso todos los
ciudadanos bifurcaron su cobertura sobre el antedicho caso de corrupción:
mientras para una de ellas resultó ser inexistente, la otra le dio una gran
importancia con la salvedad de eliminar a Polanco de la foto, según las más
acreditadas técnicas de maquillaje de la Historia.
Hasta en privado la crítica a Polanco desemboca en una
situación embarazosa si el grupo es medianamente nutrido: los contertulios se
miran de reojo sospechando del compañero de armas literarias, del colega
periodístico con legítimas ansias de medrar, del individuo bien relacionado con
los círculos financieros, del amigo de un amigo que es amigo de no sé quién que
puede terminar haciendo llegar el mensaje de que has sido tú, pobre infeliz, el
que has osado poner a parir al gran jefe. ¿Acaso no ha sido Polanco el único
ciudadano que ha conseguido el secuestro judicial de un libro, por el hecho de
que incluía afirmaciones supuestamente calumniosas contra él, cuando cada año
se editan cientos de libelos contra otros tantos individuos?
“En la antigua Roma, Polanco habría hecho cónsul a su
caballo”
Y es que Polanco sabe que la fuerza sólo se tiene de
verdad cuando se ejerce, se exhibe y se despliega. En lo pequeño, en lo mediano
y en lo grande. Si en un momento dado la víctima propiciatoria para apartar la
atención de otros asuntos es un pobre diablo que escribe gilipolleces desde su
covachuela académica, la inmolación ritual se hace imprescindible: su obra debe
ser retirada, su cátedra clausurada, su persona centrifugada. En la antigua
Roma, Polanco habría hecho cónsul a su caballo y en la moderna Argentina
nombrado vicepresidenta a su mujer. En la España actual se ha conformado con
hacer a Cebrián académico de la Lengua. Eso es el poder: imponer que lo blanco
es negro -desatar un turbión de voces proclamándolo-, mientras nuestras
octogenarias glorias literarias cuchichean su humillación por los rincones.
Pero ahora voy a decir lo que de verdad importa,
porque al final toda dictadura cultural es soportable en la medida en que cada
uno amuralle la integridad de su conciencia. Lo que hace de Polanco un
personaje profundamente nefasto para la sociedad española es su tozuda
determinación de proteger y preservar el felipismo frente a cualquier evidencia
sobre sus horrores y desmanes de toda índole.
En cualquier país democrático un solo escándalo como
el de los fondos reservados, Filesa, las comisiones del AVE, las escuchas del
Cesid o los crímenes de los GAL habría desembocado expeditivamente en el
apartamiento de su máximo responsable de la vida pública y en una drástica
renovación de la cúpula de su partido. Que Felipe González esté sobreviviendo a
la suma de todos ellos y vuelva a constituir una alternativa de gobierno,
apalancado en la dirección del PSOE junto a personas que han robado y han
ordenado asesinar, no puede atribuirse solamente a la falta de tradición
democrática de la sociedad española, a sus prejuicios frente a cualquier opción
que pueda ser identificada como de derechas, al limitado carisma del presidente
Aznar y a la ilimitada ingenuidad de Julio Anguita.
Ninguno de esos factores habría permitido a González conservar
el poder hasta marzo del 96, obtener entonces más de nueve millones de votos y
comparecer de nuevo ante el inminente congreso del PSOE como líder incontestado
y gran esperanza blanca para la vuelta a La Moncloa, si Polanco no hubiera
puesto todos los tentáculos de su imperio comunicativo al servicio del
enmascaramiento de la infamia.
Nadie podrá discutir ni la eficacia bélica con la que
él y su estado mayor han mantenido esta causa perdida a flote, ni la
rentabilidad económica que han logrado obtener de ello. Pocos generales han
sabido dirigir mejor a sus ejércitos, trazando cortinas de humo, inventando maniobras
de distracción para proteger sus enclaves estratégicos, golpeando
sanguinariamente con la escoria de la milicia a los más renombrados
adversarios, incorporando tropas de refresco, satelizando a los tibios,
cortejando a los ambiciosos, corrompiendo a los enfermos de codicia, dando alas
a los locos y desesperados. Es Polanco el que ha logrado que media España crea -o
finja creer- que José María Aznar es un oportunista mediocre que se ha
aprovechado de la conspiración de unos financieros corruptos, unos jueces
resentidos y unos periodistas megalómanos para, con la complicidad de un
mesiánico tonto útil llamado Anguita, arrebatar temporalmente el poder a Felipe
el Prestigioso, Felipe el Modernizador, Felipe el Difamado. Es Polanco el que
desde el mismo día en que ese accidente se produjo puso a todas sus legiones al
servicio de la operación Reconquista, bloqueando la ejemplar regeneración de la
democracia mediante la ejemplificadora regeneración del PSOE.
Sentirse obligados a pedir la venia del Padrino
Durante los últimos años todos los bancos parecían
aspirar a tener grupos periodísticos. En el caso que nos ocupa sucede casi al
revés. Polanco no tiene bancos, pero sí tiene banqueros. Ha sido tal la
habilidad con que ha urdido sus negocios que prácticamente ninguna de las
grandes familias de la oligarquía financiera ha quedado al margen. Si en algo
coinciden los dos Emilios es que a ambos les beneficia la prosperidad de
Polanco. ¿Puede extrañarle a alguien que hasta para aceptar los más deseados
puestos del panorama empresarial emergente, profesionales de primera se sientan
obligados ante todo a pedir la venia del Padrino?
Tras el golpe de mano del día de Nochebuena las cosas
han llegado a tal extremo que el mundo del dinero, sensible como ningún otro al
poder de quien tiene en sus manos la capacidad de configurar las apariencias,
empieza a ver en Polanco el único fielato verosímil a través del que encauzar
su relación con la política. Esa mañana el grupo Prisa consiguió de un solo
golpe la exclusiva sobre todos los derechos de imagen de los clubes de fútbol
(o sea el monopolio de la oferta) y la exclusiva para su comercialización a
través de la televisión de pago (o sea el monopolio de la demanda). Un
elemental sentido del pudor me impide dedicar una sola línea a describir la
conducta de Antonio Asensio quien en no menos de 30 conversaciones a lo largo
de los últimos dos años me expresó con las peculiaridades propias de su estilo,
la más inamovible resolución de servir de dique de contención a la marea
polanquista. Además, la gravedad de lo que está pasando ni siquiera deja margen
para plantearse si llegará o no el día en que comportamientos tan
indescriptibles obtengan su merecido. Lo tremendo para quienes anhelamos que la
nueva situación política sirva para pasar de una España en la que hay mucho
poder en pocas manos a una España en la que haya algo de poder en el mayor
número posible de manos, es que basta mencionar tres sílabas para constatar
que, por ahora, vamos perdiendo por goleada.
(Publicado en EL MUNDO, 19 enero 1997, y reproducido
por EL PAÍS al día siguiente).
viernes, 23 de enero de 2026
Corazones blancos
Madrid, 2013. 288 páginas.
Edit. Everest.
Enrique
Ortego Rey (Madrid, 1956), especialista en la información deportiva, traza en este libro el perfil y la trayectoria de cuatro futbolistas, pertenecientes a distintas
generaciones, cada uno de los cuales ha marcado una época en la historia del Real Madrid: Francisco Gento, Amancio Amaro, Ronaldo
Nazario da Lima y Emilio Butragueño. jueves, 22 de enero de 2026
Confesiones de un aldeano 2.0
(2025. 230 páginas).
En este libro, nuestro compañero de promoción Miguel Ángel
Nieto González (Albacete, 1955) evoca su trayectoria profesional y rinde homenaje a sus raíces en la aldea albaceteña de Canaleja. Ofrece en sus páginas el recorrido por los recuerdos de la infancia y la experiencia de viajes y encuentros con destacadas personalidades. Es el legado de las vivencias de un periodista, contadas, como él dice, al dictado de los caprichos de la
memoria.
En el libro está emotivamente presente el imaginario de sus padres, Pilar y Miguel, que, con sacrificio, echaron en su momento un heroico pulso al devenir y consiguieron cambiar el
futuro de su hijo. Reescribieron y revirtieron con éxito el destino reservado para Miguel Ángel en el medio rural.
Entrevista a Lalo Azcona
ENTREVISTA “El mundo de los periodistas me parece de pigmeos” HIGINIO DEL RÍO PÉREZ Ahora el mund...




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