Fue Juan Tomás de Salas un empresario audaz y un
periodista mediocre. De hinojos ante el ministro Semprún, decidió obedecer
babosamente sus órdenes contra la libertad de expresión y escabechar a Pedro J.
Ramírez, que había sacado a Diario 16
de la indigencia para convertirlo en un periódico influyente y relevante. El
periodista, uno de los más grandes del último medio siglo, se defendió fundando
EL MUNDO. Juan Tomás de Salas se mofaba de Pedro J. y llamaba a este periódico El inmundo. En muy poco tiempo, Pedro J.
Ramírez aplastó a Diario 16. El pobre
Juan Tomás de Salas arrastró su decadencia hasta la muerte prematura que le
sorprendió cuando todavía era joven. El periodista Ramírez, en fin, derrotó al
empresario Salas y se lo comió crudo, con patatas a las finas hierbas.
Soy Premio Cambio
16 y me parece justo reconocer que Juan Tomás y sus colaboradores acertaron
en las postrimerías del franquismo al engañar a las autoridades dictatoriales
planteando una revista económica que se dedicó con notable nervio a la opinión
política, en gran parte gracias al pulso y a los aciertos profesionales de José
Oneto. Juan Tomás de Salas disfrutaba de relieve en la sociedad madrileña de la
época porque era sobrino de Piedita Salas, que tenía un teatro de bolsillo en
la calle General Mola, donde escandalizó a los mojigatos franquistas estrenando
una obra sobre la partenogénesis. En ese teatro debutó como actriz -excelente
actriz, por cierto- Natalia Figueroa, que publicó luego un libro titulado Decía el viento, en el que su último
cuento, El circo que llegó, asombró
al genial Mingote. Bien respaldada por algunos personajes de relieve como
González Seara, José Luis Barreiros, Blas Calzada, Enrique Sarasola y Alejandro
Muñoz Alonso, entre otros, Cambio 16
se convirtió en una revista de obligada lectura. Y condicionó a varias
publicaciones.
En todo caso, el éxito de Cambio 16 fue fugaz pero su presencia en la España del tardofranquismo y de la Transición contribuyó al trasvase de España desde la dictadura a la democracia. La idea cardinal de “libertad sin ira” despejó los caminos españoles hacia la Europa que nos contemplaba expectante.
(Publicado en EL MUNDO, 14 abril 2018).


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