Madrid, 2025. 304 páginas.
Edit. HarperCollins.

Recuerdos de la 3ª promoción de Periodismo, Facultad de Ciencias de la Información (UCM) / Apuntes sobre un oficio
Madrid, 2025. 304 páginas.
Edit. HarperCollins.

Pablo García Suárez (Gijón, 1964) había publicado su primer dibujo en LA NUEVA ESPAÑA en 1982 para ilustrar una información sobre el juicio del 23-F. Cuatro años después iniciaría su exitosa sección gráfica La tira y afloja. “Es un caricaturista elegante y preciso y un ilustrador certero e ingenioso en su interpretación de los textos que acompaña”, ha resaltado el diario ovetense (edición de 9 de octubre de 2011).
Pablo García había ganado en 2002 el premio Motiva de ilustración de publicaciones periódicas, y en 2010 recibió una mención de Honor de World Press Cartoon.
En 2011 fue designado ilustrador del año en el marco de los premios ÑH, convocados para destacar el mejor diseño periodístico de España y Portugal. El dibujante asturiano obtuvo en esta ocasión el Premio de Oro (categoría absoluta) al mejor portafolio por sus portadas del suplemento “Cultura” y las ilustraciones de “La mirada de Lúculo”, incluidas en el suplemento dominical "Siglo XXI", de LA NUEVA ESPAÑA. Los premios ÑH son concedidos por la sección española de la Society for News Design, organización internacional de profesionales del periodismo, integrada por más de 2.500 miembros pertenecientes a 50 países. Están reservados a los diarios cuya tirada supera los 50.000 ejemplares.
Alejandro Vega Fernández fue profesor titular en el Departamento de Derecho Constitucional de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid a lo largo de treinta y cinco años, desde 1989 hasta 2024.
ENTREVISTA
“Los periódicos no hablan más que de política, y algunos artículos son en clave”
HIGINIO DEL RÍO
Subiendo en el ascensor con Camilo José Cela (Padrón, La Coruña, 1916) hasta su habitación del hotel Miguel Ángel, este periodista se siente elevado de la mano de su santo preferido. Es un trayecto corto, en compañía de un botones con cara de personaje de la novela picaresca que va cargado de bultos.
Ya en la habitación, lo primero que hace Cela es
llamar a la manicura. Pero sucede que le han dado una habitación que no es la
suya, y nos tenemos que ir con los bártulos a otra parte en cuanto se advierte
el error. Le comunico a usted, para su
gobierno y efectos que procedan, que me echan de esta habitación y me mandan a
la 720, dice por teléfono a Recepción. Recogemos todo y, sin olvidarnos de
la manicura -silenciosa y observadora como una gheisa-, tomamos de nuevo el
ascensor. ¡Qué disparate! ¡Menudo jaleo
se ha armado! Parezco un yanqui… ¡Qué horror!, comenta en plena ascensión.
- Los españoles, ¿qué tenemos que aprender del Viejo
Continente?
Supongo que a lavarnos los dientes. Cosas muy elementales. No creo que nos puedan enseñar mucho.
- ¿Y qué podría enseñar España a los europeos?
A torear, coño, que ya es hora de que vayan aprendiendo estos cabrones.
En la conversación hay muchos caminos y vericuetos en los que Camilo José Cela accede a meterse. Tanteo sobre mil cosas, y la charla se va construyendo a salto de mata, sin cuestionario, arañando muchas cosas.
Considera el novelista que el nuestro es un pueblo de
animales sagrados: así como la vaca es el
animal sagrado de la India -explica- y
el perro el animal sagrado de Inglaterra, aquí primero lo eran los curas. Luego
fueron desbancados por los arquitectos, que se cargaron todo el país, y ahora
quizá lo sean los sociólogos. Estos son también muy pesados… A lo mejor,
capándolos mejoraban.
Lo dice todo muy serio, sin quitar ojo a los movimientos silenciosos de la empleada del hotel sobre sus manos y dedos.
- Hay quien apunta que los sociólogos, con sus análisis, están metiendo el pesimismo en la gente.
Antes no había de eso. La gente come caliente y tiene una señora a la que agarrarse, y no le dan depresiones. Eso es de maricones. Si la gente trabaja, no le dan estas cosas… ¿verdad usted?, interroga a la manicura, que asiente con una leve y prudente inclinación de cabeza.
CULTURA Y DIRIGISMO CULTURAL
- ¿Está mejorando la vida cultural en España?
- Se habla mucho de la “movida madrileña”.
Y antes se hablaría de la movida de los cojones… Nada, hombre, ni caso. Al contrario: no creo que la cultura esté en un buen momento.
- ¿Y no le interesa a usted saber si la gente se culturiza y si la acción del Gobierno progresa en este campo?
En abstracto, deseo que una persona sea culta, naturalmente. Como deseo que esté sana, coño. Lo contrario sería una cabronada: “Ojala coja usted un tifus, para que escarmiente”… No, coño. Desear esto sería una faena… “Ojala no aprenda usted jamás la regla de tres”. Tampoco… Pero no hay que plantearlo como problema de gobierno. El dirigismo cultural es lamentable.
- ¿Se da mucho dirigismo actualmente?
Puede ser. Pero no opino, porque mi reino no es de este mundo. La política práctica para mí no tiene el menor interés, y creo que es uno de los males de los que está adoleciendo España. Abre usted un periódico, el que quiera, y no hablan más que de política. Y algunos artículos son en clave: o sea, que tienen un destinatario. Si usted no sabe quién es ese destinatario, no se entera de nada... Pero, coño, que no me hablen en clave. Yo también pago mi contribución. Además, la catequesis y el proselitismo son faltas de educación. Las damas catequistas y los que hablan en los mítines son unos maleducados… ¡Dejen ustedes que la gente se vaya al infierno sola, coño! Estas damas catequistas que van a bautizar murcianos por los suburbios… ¡Coño, déjelos usted en paz!
- Ahora también se mete mucho la gente con los políticos.
Es que los políticos en el mundo entero son gente de segunda fila, y a veces de tercera. En olas familias distinguidas de Inglaterra nadie es político. Aquí yo siempre pongo el ejemplo de la Institución Libre de Enseñanza: eran los más cultos que había en su tiempo, y despreciaban la política práctica. Si uno se quería presentar a diputado, si iba a los toros o frecuentaba los prostíbulos, lo echaban.
Los que estamos al
corriente del pago de la contribución tenemos ahí a unas personas para que nos
administren. Lo único que les exigimos es que lo hagan bien, pero que no mareen
con teorías. Lo que hace falta para que la sociedad funcione es gestión y no
perder el tiempo en declaraciones de principios.
- ¿No se acerca eso al concepto de la tecnocracia?
Yo tengo muy poco que ver con los tecnócratas, y además, en general, desprecio la técnica. Yo creo en el pensamiento. Cuando la humanidad haya evolucionado, los países serán gobernados por una computadora y un pequeño funcionario. No hará falta más.
Tenía yo ganas, al final, de saber si el autor de “La colmena” sigue el quehacer literario de sus colegas. Me dice que no. Que cada vez escribe más y lee menos.
Hoy releo, y sólo leo un libro nuevo si viene recomendado o avalado por alguien. Cuando tenía veintitantos años leía hasta los prospectos de las medicinas. Hoy no. Por ejemplo: antes leía los periódicos empezando por la primera página, hasta los anuncios, y me sabía a poco. Hoy los hojeo. Aquí hay ahora mucho amarillismo: crímenes pasionales, guardias civiles que matan curas, o curas que cambian de sexo y ahora son “sor Tomaseta”… ¡Usted verá!
Resumen de una entrevista publicada en la revista CUADROS de Madrid en diciembre de 1987.
Camilo José Cela Trulock falleció en 2002, a los ochenta y seis años.
La sintonía del espacio era precisa y hacia las diez de la mañana la música de "La máquina de escribir", de Leroy Anderson, nos anunciaba en la nueva emisora en Oviedo de Radio Nacional de España el repaso de los textos más interesantes que publicaba la prensa asturiana del día. Aquella jornada me asaltó la taquicardia al oír la lectura completa de un artículo que días antes había enviado a "La Voz de Asturias", titulado "La oración del siglo XX", nombre del espacio que se emitía cada mediodía. Comentaba en él cómo las emisoras de la radio estatal parecían adaptarse a los nuevos tiempos y empezaban a presentar los cambios que había establecido el Concilio Vaticano II casi dos años antes. Más o menos adaptar la disciplina eclesiástica a los nuevos tiempos, promover el desarrollo de la fe católica, la renovación moral de los cristianos y buscar la interrelación con los no católicos y con otras religiones, principalmente las orientales. Era innovador en una emisora oficial en tiempos del tardofranquismo. Estábamos a dos de mayo de 1967, martes, hace ahora cincuenta años.
Variopinto año musical aquel con el lanzamiento de "Sgt. Pepperts Lonely Hearts Club Band", de los Beatles; "Their Satanic Majesties Request", de Rolling Stones; el surgimiento de The Doors, Bee Gees, Pink Floyd, Genesis y el triunfo de Sandie Shaw ("Puppet on a string"). Fue también el año de "Cien años de soledad", de Gabriel García Márquez y "Los cachorros", de Mario Vargas Llosa, y el de la despedida de Azorín, de Edgar Neville, de Violeta Parra y del Che Guevara. En fin, de alegrías y penas como el primer trasplante de corazón o la guerra de los seis días. Pero fueron doce meses en los que comenzó mi suerte profesional.
Después de aquel primer texto (LA NUEVA ESPAÑA me había publicado ya una carta al director con el insólito colofón de una Nota de la Redacción para rebatir mi demanda) vinieron otros e ingresé en la Escuela Oficial de Periodismo, justo cuando nacían nuevas cabeceras periodísticas. Luego realicé prácticas de estudiante en "La Voz de Asturias", donde pasé un verano de playa en playa cubriendo el concurso de Castillos en la arena; en el diario "Madrid" cuando llegó el hombre a la Luna; en "La Voz de España" de San Sebastián donde mantuve una columna diaria de humor. Pero la suerte continuaba porque al regresar de un maravilloso viaje de fin de carrera me vinieron a buscar al mismo aeropuerto para trabajar en "Nuevo Diario".
Un denigrante texto de Paco Umbral
Cuando cerró este diario -tres meses después de la muerte de Franco, un 23 de febrero, a pesar de que nos llamaban los Martín Ferrán (el director) Broadcasting por nuestra tecnología avanzada- y tras unos meses cobrando el paro, me llamaron del diario "El País" para ser el nuevo redactor de cierre. En él inauguré el primer News Service y formé parte del primer Comité de Redacción que elaboró un pionero Estatuto de la Redacción. Trabajé en él más de treinta años. La suerte seguía a mi lado ya que los diversos estamentos del periódico salieron en mi defensa cuando Paco Umbral escribió un denigrante texto acusándome erróneamente de haberle cortado un artículo y diciendo que era un ignorante que era capaz de destrozar unos "versos de Jorge Manrique". Tal fue la reacción de redacción y talleres que ese texto fue retirado y nunca se publicó. Y cuando me anunciaron mi salida del diario fundado por José Ortega y Jesús Polanco le envié un mensaje a José Manuel Vaquero, director general de Editorial Prensa Ibérica, para preguntarle si le podría enviar un artículo sobre un problema ecológico localizado en Asturias. Y Vaquero confirmó mi suerte. Me contestó al momento diciendo que le mandase ese texto y "todos los que quieras".
Bastantes han sido los sobresaltos habidos en estos cincuenta años de profesión, desde los últimos años de la dictadura, los arduos momentos periodísticos de la difícil Transición, hasta nuestros días. Son ahora otros tiempos, la labor informativa ha evolucionado mucho, pero el espíritu sigue siendo el de "la máquina de escribir".
LA NUEVA ESPAÑA, 30 mayo 2017
H. del Río
En el curso 1975-1976 prestamos mucha atención a la crisis de NUEVO DIARIO. Una mañana acudió a la Facultad una representación de su comité de empresa para informarnos de su dramática situación laboral y de la lucha que estaban librando por la supervivencia del periódico.
Los trabajadores de ND, que llevaban días haciendo encierros y manifestaciones de protesta, acariciaban la idea de crear una cooperativa y adquirir la cabecera del diario para poder continuar la edición (el presidente de la Asociación de la Prensa, Lucio del Álamo, llegó a ofrecerles la posibilidad de instalar provisionalmente la redacción en la sede de la propia AP). Pero todo fue en vano. La desgana de los propietarios impediría la continuidad del matutino.
Nuevo Diario, al igual que el diario Madrid, formó parte de lo que en su día se dio en llamar “prensa independiente”. Había nacido en septiembre de 1967 al calor de la Ley de Prensa e Imprenta de Fraga y se estaba convirtiendo en uno de los exponentes de la transición de la prensa española a la democracia. Fundado en el entorno del Opus Dei a través de la empresa Prensa y Ediciones, S. A. (PESA), fue vendido en diciembre de 1970 a Prensa Económica, S. A. De este modo pasó a manos de la familia Oriol, de gran peso político y económico en el franquismo.
Durante unos años tendría una difusión baja y una escasa influencia en la opinión pública, hasta el nombramiento de Manuel Martín Ferrand (1940-2013) como director en julio de 1975, sucediendo a Pedro Orive. Las cosas cambiarían entonces positivamente.
El rotativo empezó a aumentar sus ventas (alcanzó con rapidez los 60.000 ejemplares de tirada), al tiempo que se posicionaba cara a la situación política que sobrevendría después de Franco. Quiso ser el nuevo periódico de la España democrática.
En su edición de 26 de octubre de 1975, durante la última fase de la enfermedad del dictador, Nuevo Diario llevó a su primera página un titular, sin tapujos: “Franco agoniza”, en unos términos que iban contra corriente de los habituales eufemismos de que hacían gala los demás medios informativos. Ese titular le valdría al director un proceso en el Tribunal de Orden Público.
El dueño de ND, Lucas Maria de Oriol y Urquijo (hermano del político
tradicionalista Antonio María de Oriol y
Urquijo, ministro de Justicia y presidente del Consejo de Estado), veía con desconfianza y preocupación la línea que seguía el rotativo
bajo la dirección de Martín Ferrand.
El 24 de febrero de 1976, tras infructuosos intentos de su venta a otros grupos
editoriales, Oriol decidió cerrar el
diario, so pretexto de insalvables problemas financieros, en simultaneidad con una flagrante falta de entendimiento entre la empresa editora, Prensa Económica S. A., y
la empresa impresora, Rotopress, S. A.
En esencia, lo que faltó fue voluntad empresarial para afrontar las dificultades. El periódico desapareció a causa del abandono de sus propietarios. En sus nueve años de existencia, el matutino había tenido como directores, sucesivamente, a José Luis Cebrián Boné, Juan Pablo de Villanueva Domínguez, Salvador López de la Torre, Luis Ignacio Seco García, José Luis Echarri Gamundi, Pedro Orive Riva y Manuel Martín Ferrand. Los dos primeros, vinculados al Opus Dei.
Felipa Polo Asenjo, la "tía de los estudiantes", de la calle de Libreros
Alfonso ÁLVAREZ
En pleno corazón de Madrid, cerca de la antigua Universidad y del desaparecido Conservatorio de la calle de San Bernardo, en una callejuela secundaria que parte de la Gran Vía madrileña, se encuentra la calle de Libreros. Calle estrecha y corta, donde se ubican nueve librerías, de mayor o menor tradición, que han dado un carácter especial a esta calle.
En una de estas librerías se encuentra, tras el mostrador,
como viene siendo habitual desde hace treinta y siete años, nuestro personaje:
Felipa. Yo quiero que me llamen Felipa a secas; el que me llama “la Felipa”,
pues me molesta, y el que me dice “Doña Felipa” me cansa.
Felipa, mujer de muchos años, pero muy bien
conservada, nació en Loranca de Tajuña, provincia de Guadalajara. Allí despertó
su afición a los libros, aunque “lo que más me gustaba era hacer punto”, nos
decía.
Se instaló en la calle de Libreros en el año 1945 -había
sitio-; no tenía ningún motivo especial para instalarse en esta calle, a la
que librerías como Doña Pepita o La Casa de la Troya han hecho conocida fuera
de Madrid en ambientes universitarios.
Primeros años
Fueron años difíciles, sin dinero, con libros de dos
y tres pesetas. Pero aun siendo años austeros, Felipa opina que se vendían más
libros antes. Ahora se hacen muchas fotocopias. Además se repiten mucho,
muchas ediciones y muchas editoriales, comenta uno de los sobrinos que, junto
a su hermano, ayudan a la “tía” a llevar la librería en la actualidad.
Aunque en un principio era una vida dura, difícil,
Felipa recuerda esos años con añoranza: Eran años de austeridad y respeto, que
ahora hay menos. Había otras relaciones más sinceras, en especial con los
estudiantes, de los que guarda no pocos recuerdos gratos.
Leemos en uno de los cuadros que tiene dentro de la
tienda: “A Felipa, nuestra encantadora amiga y colaboradora, como recuerdo de
la noche del 24 de octubre de 1959. La Tuna Universitaria de Madrid, Escuela
Social”.
Me trae un recuerdo alegre. Lo improvisaron ellos un
viernes y vinieron un sábado a decírmelo. Ya no le hacen este tipo de
homenajes. Los estudiantes de ahora no se acuerdan de los libreros en momentos
así.
-
¿Han cambiado mucho los gustos de los lectores en
estos años?
-
Ha cambiado el dinero. Antes había menos; ahora, si
hay, no lo sé.
El tedio o la tristeza ya no se combate con libros.
Felipa sí lo hace y nos recomienda su libro preferido: “El espejo de ti mismo”, que aunque estés triste te pone alegre, o “Camino de perfección”; es la
literatura de una mujer que vive entre libros y que se considera sin cultura y
humana, que con su experiencia nos aconseja sed buenos, sin hacer mal a nadie;
prácticos, porque lo que no es práctico no interesa. Hablar con el interior; el
exterior dejarlo. La hipocresía, nada.
Libros usados
Dejando a un lado la parte humana de nuestro
personaje, lo que más caracteriza a las librerías de esta calle, en general, es
la compraventa de libros usados, idea que ya estaba desde un principio en la
mente de Felipa, pero que por razones económicas ha abandonado al ser escasos
los beneficios que aporta su venta.
Por otra parte, la compra de libros usados, que
suponía un gran beneficio a los estudiantes, llevó a la suspicacia de ciertas
personas a vender libros robados o de ciertas bibliotecas públicas, ante lo
cual Felipa optó por pedir el carnet de identidad o pasaporte a quienes
quisieran vender algún libro.
Felipa, a quien la edad no reprime en absoluto sus
ganas de trabajar, pasa -como sus sobrinos- siete horas y media en la tienda,
encargándose de servir a los compradores los libros y cobrando. No quiere
sentirse inútil, ser un estorbo.
-
¿Trabaja mucho diariamente?
-
Hombre, hijo, si no no se come.
-
Y después de cerrar la librería, ¿qué hace?
-
Después, a la iglesia. No voy mucho, sabes: los
domingos.
(Publicado en ABC el jueves 2 de
septiembre de 1982).
Madrid, 1981. 719 páginas.
Edit. Facultad de Ciencias de la Información, UCM.
Prólogo de José Altabella.
Este libro de Antonio López de Zuazo Algar (Zaragoza, 1946) contiene 14.325 fichas biográficas desde 1904, que fue el año en el que Manuel Ossorio y Bernard (1839-1904) había terminado su "Catálogo de periodistas españoles del siglo XIX". Ahí estamos todos.
López de Zuazo define al periodista como "persona capacitada para el ejercicio profesional del periodismo en agencias, prensa, radio, televisión, cine y gabinetes de información".
Los estudios de Periodismo adquirieron el rango de carrera universitaria en 1971, según se recoge en el Decreto 2070/71 de 13 de agosto, publicado en el Boletín Oficial del Estado el día 14 de
septiembre de 1971. Un mes después, el 16 de octubre de 1971, el BOE publicaba el Decreto 2478/71, de 17 de septiembre, por el que se creaban en España las dos primeras
facultades de estudios de la comunicación: la de Ciencias de la
Información de la Universidad Complutense de Madrid y la de la Universidad
Autónoma de Barcelona.
Previamente, fue preciso el acuerdo entre el Ministerio de Información y Turismo y el Ministerio de Educación y Ciencia. En febrero de 1971, el de Información y Turismo encargó el proyecto de un edificio para la Facultad en Madrid. Se construiría en el Campus de Moncloa, sobre un terreno irregular de 35.000 metros cuadrados, y tendría un presupuesto de 192.621.521 pesetas. El proyecto, aprobado el 3 de diciembre de 1971, se ejecutaría en dos fases.
Durante la primera, y a partir de febrero de 1972, las clases se impartieron en la antigua Escuela Oficial de Cinematografía, en la carretera de la Dehesa de la Villa, y no se trasladaron al nuevo edificio hasta octubre de 1973.
La segunda fase se prolongaría desde 1975 hasta 1979.
Emilio Romero, determinante
En la transformación de la EOP en facultad universitaria, fue muy importante el papel de Emilio Romero Gómez (1917-2003), que desde 1969 dirigía la Escuela Oficial de Periodismo de Madrid.
"El periodismo -había dicho el escritor y periodista abulense a principios de los años 70- no es una profesión; es demasiado intensa y variada y antirrutinaria y antilaboralizada e intuitiva e imprevisible para que sea un oficio. El periodista lo que debe tener es cultura y ganas de tener compromiso con su país y un instinto casi animal de la noticia. Por eso me aterró siempre que estuviera en un Ministerio. En cuanto me hicieron director de la Escuela Oficial de Periodismo me dispuse a asesinar a ese gigantesco camelo, a esa burda Academia, incapaz de enseñar aquellas cosas. Llevé el periodismo a la Universidad; allí, por lo menos, los maestros y el ambiente suscitarían curiosidad intelectual. Los grandes periodistas que han salido de esa Escuela lo eran ya antes de entrar. Pero necesitaban únicamente el título que se expedía allí. Yo no tengo ni eso. Me 'estampillaron' en 1942. Pertenezco a los 'alféreces provisionales' del periodismo. Y llegué al generalato como el general Campano, nuestro provisional de la guerra, después de sus campañas".
(LOS ESPAÑOLES, coleccionable. Fascículo Nº 19, Madrid, 1972, p. 130).
Madrid, 1970. 191 páginas. Alianza Editorial. Este libro de Alianza Editorial nos fue recomendado por el profesor Javier Fernánde...