jueves, 29 de enero de 2026

El reportero

 



























Madrid, 1963. 204 páginas.
Edit. Rialp.

Prólogo de José Luis Martínez Albertos.

 




Este libro de Alfredo Amestoy Eguiguren (Bilbao, 1941) nos había sido recomendado en el primer año de carrera. Se nos insistió mucho en ello, pero estaba agotado. Su autor, al parecer, no accedió a publicar más que la primera edición. Cincuenta y un años después de la recomendación pude adquirir -y en muy buen estado- un ejemplar en la librería Alcaná de Madrid.

La obra constituye un manual del reporterismo de nuestros días. Más que teorizar acerca del reportaje, pretende comunicar experiencias adquiridas en el ejercicio de la profesión periodística. “Es un valioso conjunto de experiencias extraordinariamente prácticas que puede servir de vademécum en los comienzos de su trabajo a muchos jóvenes periodistas”, en palabras del prologuista, el profesor de la Facultad Martínez Albertos. (Foto: Begoña Rivas, EL MUNDO).   






Los generales que salvaron la democracia

 























Madrid, 2007. 266 páginas.
Edit. Espejo de Tinta.

 

Nuestro compañero Manuel de Ramón Carrión (Madrid, 1954), se propuso contar en este libro la vida de los militares que respaldaron la Transición, pero también la de otros que intentaron torcer la voluntad popular. 

La Transición política española fue posible gracias a la combinación de una serie de factores sociológicos, económicos, históricos y también personales, que permitieron alcanzar un consenso nacional. En el plano personal, tanto los políticos conocidos como los ciudadanos anónimos, expresaron su voluntad de no caer en los mismos errores de cuarenta años atrás. Se optó por olvidar y perdonar. La Transición fue el momento más brillante de la historia contemporánea de España, incluso con sus claroscuros y sus errores. Todo este proceso tuvo un testigo casi siempre silencioso que dejó hacer, pese a algunas sacudidas muy concretas y de corta duración: el Ejército español, que se mantuvo al margen de la política y asumió la evolución.





domingo, 25 de enero de 2026

"Urge regresar al periodismo"






















Declaración de la Asociación de la Prensa de Málaga, en la festividad de San Francisco de Sales, patrón de los periodistas


El periodismo serio, riguroso y de proximidad se convierte cada día más en la esperanza de la profesión. Su importancia y, especialmente, su aceptación por la ciudadanía, se han evidenciado con rotundidad en la tragedia del accidente ferroviario de Adamuz (Córdoba). Se trata de una evidencia ilusionante en un momento complejo, en el que los datos muestran una grave crisis de la confianza ciudadana ante el desprestigio de la profesión, consecuencia, entre otros factores, de una precariedad creciente. Si bien se ha producido una ligera reducción del desempleo, persisten los bajos salarios y las jornadas extensas, y se incrementan los falsos autónomos, situaciones laborales que, junto a la desafección y la imagen negativa de su labor, impactan ya en la salud mental de los profesionales, con niveles de estrés o ansiedad preocupantes.

La confianza en el periodismo es centro del debate. Los datos alertan del avance de la pérdida de credibilidad y nos indican que, de manera inaplazable, se deben de emprender iniciativas orientadas a reforzar la transparencia y la identificación clara de la información fiable, donde los hechos estén verificados y las fuentes sean expresas y de calidad. Hay numerosos indicadores que muestran la magnitud del problema y la urgencia en solucionarlo. Entre ellos, el último Informe anual de la profesión, que edita la Asociación de la Prensa de Madrid, subraya cómo la confianza general en los medios ha caído en 2025 a 5,4 puntos (en una escala de 1 a 10) y que la credibilidad de los periodistas entre los jóvenes es menor que la de otras fuentes en redes sociales, donde ganan terreno los influencers.

Estamos asistiendo a un desmantelamiento del Periodismo como derecho ciudadano y pilar democrático. Parece oportuno hoy, con motivo de la celebración del patrón de los periodistas, San Francisco de Sales, renovar nuestro compromiso de contribuir a dignificar esta profesión. Seguiremos reivindicando la mejora de las condiciones laborales, porque es una vía segura para favorecer la vuelta a un periodismo que cumpla plenamente su función de servicio público, recobre su finalidad como contrapoder y frene el auge de los populismos y la degradación de la democracia. Será necesario también recuperar el respeto a la profesión por parte de gobiernos, instituciones y demás estamentos de la sociedad


"ACTITUDES INTOLERABLES SE HACEN CADA DÍA  MÁS HABITUALES, COMO SON LAS RUEDAS DE PRENSA SIN PREGUNTAS, LA EXCLUSIÓN DE PERIODISTAS Y MEDIOS DE CONVOCATORIAS INFORMATIVAS, LOS INTENTOS DE IMPONER O LIMITAR PREGUNTAS, EL SEÑALAMIENTO A PERIODISTAS"  


Denunciaremos siempre medidas y decisiones que degraden aún más la figura y el rol del periodista. Algunos intentos de regular la profesión avanzan en esta dirección, como el anteproyecto de ley sobre el secreto profesional, por el que cualquiera que busque, trate o difunda información sería considerado periodista. Se menosprecia una vez más la formación universitaria específica, igual que sucede con tantas convocatorias públicas de empleo, en las que tampoco se exige titulación.

Los ataques al libre ejercicio del periodismo se suceden, con prácticas descaradamente antidemocráticas ante las que no se ponen freno desde las propias empresas de medios, una inacción que también las desacredita. Actitudes intolerables se hacen cada día más habituales, como son las ruedas de prensa sin preguntas, la exclusión de periodistas y medios de convocatorias informativas, los intentos de imponer o limitar preguntas, el señalamiento a periodistas, el acoso online, entre otras.

Regresemos al ejercicio de un periodismo serio y riguroso, a medios que busquen informar y no polarizar, y mantengámonos unidos para alzar la voz contra todo aquello que mina los cimientos de nuestra profesión e impide garantizar el derecho a la información de la ciudadanía.

 (Málaga, 23 de enero, 2026)













El proyecto radiofónico TRABOCORDIA, con alumnos de la Facultad (1978)









En los primeros días de 1978 se puso en marcha por tercera vez un curso de radio promovido por la Cadena SER y Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Madrid, para el que fueron seleccionados quince alumnos de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense: Inés Alba, José María Alfajeme, Alicia Buyo, Carmen Carreño Bolaños, Irene Fernández, Mercedes Fonseca, Miguel Ángel Guardia, Javier Hernando, Miguel Ángel del Hoyo Pérez, Benjamín Llorens, Francisco Murillo, Antonio Navarro Vázquez, Mercedes de Pablos, María Isabel Pérez Barrios y Juan José Piñeiro. 

Cuando terminó el curso, en el verano de aquel año, la mayoría tendrían la oportunidad de hacer prácticas en diferentes emisoras.

José María Alfajeme llegó a ser jefe de producción del programa Hoy por Hoy de la SER y responsable de la programación local de la Cadena COPE en Madrid; Miguel Ángel del Hoyo, jefe de informativos de Radio Granada; Javier Hernando, director de las emisoras de la SER en Albacete y director regional en Extremadura y Baleares; Irene Fernández se incorporaría a Telemadrid; Juan José Piñeiro se destacaría como guionista de radio; Maribel Pérez Barrios informaría, como enviada especial, de conflictos que convulsionaban varias zonas del planeta; y Benjamín Llorens ejerció su tarea informativa en emisoras de la SER en Alicante y en Murcia. 

(Del blog NUNCA ESTUVE EN N. Y. (22 de septiembre, 2012).

   









sábado, 24 de enero de 2026

"Polanco"

 

Pedro J. RAMÍREZ 



Es el principal editor de prensa y el único que actúa simultáneamente en los mercados de la información general, deportiva y económica; domina hasta tal extremo la radio privada que en importantes demarcaciones tiene más emisoras que todos sus competidores juntos; logró en tiempos del PSOE el monopolio de facto de la televisión de pago y está a punto de consolidarlo para siempre con el PP; el año pasado ha sido ya el mayor productor de cine español; es el amo del más próspero negocio de libros de texto tanto en España como en América Latina y sus editoriales de creación abarcan todos los segmentos de la actividad literaria y el pensamiento; directa o indirectamente controla la industria discográfica a través de sus 40 Principales y otras radio-fórmula; posee cadenas de librerías, agencias de publicidad, hoteles, empresas de exportación y váyase a saber qué otros activos ocultos; acaba de quedarse con el fútbol.

Polanco es un poder fáctico uninominal equivalente a lo que en épocas diversas representaron la Iglesia, la Banca o el Ejército.

Su red de párrocos y capellanes tal vez sea algo menor, su liquidez no tan abultada y sus fuerzas de choque más reducidas, pero hay que remontarse cinco siglos en la Historia para encontrar en manos de una de estas instituciones un arma tan formidable sobre el control de las conciencias como la poliédrica hegemonía sobre la industria cultural que este hombre ostenta.

Novelistas, poetas, ensayistas, dramaturgos, catedráticos, reporteros, columnistas, actores, actrices, directores-estrella, músicos, cantantes y, por supuesto, políticos de todos los pelajes le bailan el agua sabedores de lo mucho que sus favores, inquinas o meros desdenes pueden influir en su triunfo, fracaso u ostracismo. Lo hacen además cómodamente arrullados en la más eficaz adormidera, porque Polanco, un hombre -al igual que sus dos primeros espadachines- profundamente enraizado en el franquismo, tuvo hace veinte años la habilidad para aprovechar esa ventaja estratégica y, estando en el lugar correcto en el momento correcto, quedarse con la patente de un sedicente progresismo que por mor de la implacable ley del péndulo iba a convertirse en palanca, coartada y superstición de varias generaciones de españoles.

Nuestra sociedad ha alcanzado la suficiente madurez como para que las críticas episódicas de un dirigente político o un medio de comunicación al jefe del Estado no sean entendidas sino como expresiones de normalidad y pluralismo. Y del Rey abajo, ninguno. Ninguno… excepto Jesús Polanco. Cualquier revelación o denuncia contra el gran magnate por parte de los contados medios que nos atrevemos a formularla es inmediatamente entendida como un desafío merecedor de implacable represalia. La simple mención de su nombre, la mera aparición de su efigie en la televisión pública en relación con el penúltimo caso de corrupción con el que efectivamente está relacionado, es ya considerada como una agresión intolerable, materia de anatema y piedra de escándalo.

Hace unos días un gran diario de amplia tradición liberal censuró su edición para omitir un artículo crítico contra Polanco de uno de sus más brillantes y sólidos articulistas. Simultáneamente las dos únicas cadenas de televisión privada a las que tienen acceso todos los ciudadanos bifurcaron su cobertura sobre el antedicho caso de corrupción: mientras para una de ellas resultó ser inexistente, la otra le dio una gran importancia con la salvedad de eliminar a Polanco de la foto, según las más acreditadas técnicas de maquillaje de la Historia.

Hasta en privado la crítica a Polanco desemboca en una situación embarazosa si el grupo es medianamente nutrido: los contertulios se miran de reojo sospechando del compañero de armas literarias, del colega periodístico con legítimas ansias de medrar, del individuo bien relacionado con los círculos financieros, del amigo de un amigo que es amigo de no sé quién que puede terminar haciendo llegar el mensaje de que has sido tú, pobre infeliz, el que has osado poner a parir al gran jefe. ¿Acaso no ha sido Polanco el único ciudadano que ha conseguido el secuestro judicial de un libro, por el hecho de que incluía afirmaciones supuestamente calumniosas contra él, cuando cada año se editan cientos de libelos contra otros tantos individuos?

 

“En la antigua Roma, Polanco habría hecho cónsul a su caballo”

 

Y es que Polanco sabe que la fuerza sólo se tiene de verdad cuando se ejerce, se exhibe y se despliega. En lo pequeño, en lo mediano y en lo grande. Si en un momento dado la víctima propiciatoria para apartar la atención de otros asuntos es un pobre diablo que escribe gilipolleces desde su covachuela académica, la inmolación ritual se hace imprescindible: su obra debe ser retirada, su cátedra clausurada, su persona centrifugada. En la antigua Roma, Polanco habría hecho cónsul a su caballo y en la moderna Argentina nombrado vicepresidenta a su mujer. En la España actual se ha conformado con hacer a Cebrián académico de la Lengua. Eso es el poder: imponer que lo blanco es negro -desatar un turbión de voces proclamándolo-, mientras nuestras octogenarias glorias literarias cuchichean su humillación por los rincones.

Pero ahora voy a decir lo que de verdad importa, porque al final toda dictadura cultural es soportable en la medida en que cada uno amuralle la integridad de su conciencia. Lo que hace de Polanco un personaje profundamente nefasto para la sociedad española es su tozuda determinación de proteger y preservar el felipismo frente a cualquier evidencia sobre sus horrores y desmanes de toda índole.

En cualquier país democrático un solo escándalo como el de los fondos reservados, Filesa, las comisiones del AVE, las escuchas del Cesid o los crímenes de los GAL habría desembocado expeditivamente en el apartamiento de su máximo responsable de la vida pública y en una drástica renovación de la cúpula de su partido. Que Felipe González esté sobreviviendo a la suma de todos ellos y vuelva a constituir una alternativa de gobierno, apalancado en la dirección del PSOE junto a personas que han robado y han ordenado asesinar, no puede atribuirse solamente a la falta de tradición democrática de la sociedad española, a sus prejuicios frente a cualquier opción que pueda ser identificada como de derechas, al limitado carisma del presidente Aznar y a la ilimitada ingenuidad de Julio Anguita.

Ninguno de esos factores habría permitido a González conservar el poder hasta marzo del 96, obtener entonces más de nueve millones de votos y comparecer de nuevo ante el inminente congreso del PSOE como líder incontestado y gran esperanza blanca para la vuelta a La Moncloa, si Polanco no hubiera puesto todos los tentáculos de su imperio comunicativo al servicio del enmascaramiento de la infamia.

Nadie podrá discutir ni la eficacia bélica con la que él y su estado mayor han mantenido esta causa perdida a flote, ni la rentabilidad económica que han logrado obtener de ello. Pocos generales han sabido dirigir mejor a sus ejércitos, trazando cortinas de humo, inventando maniobras de distracción para proteger sus enclaves estratégicos, golpeando sanguinariamente con la escoria de la milicia a los más renombrados adversarios, incorporando tropas de refresco, satelizando a los tibios, cortejando a los ambiciosos, corrompiendo a los enfermos de codicia, dando alas a los locos y desesperados. Es Polanco el que ha logrado que media España crea -o finja creer- que José María Aznar es un oportunista mediocre que se ha aprovechado de la conspiración de unos financieros corruptos, unos jueces resentidos y unos periodistas megalómanos para, con la complicidad de un mesiánico tonto útil llamado Anguita, arrebatar temporalmente el poder a Felipe el Prestigioso, Felipe el Modernizador, Felipe el Difamado. Es Polanco el que desde el mismo día en que ese accidente se produjo puso a todas sus legiones al servicio de la operación Reconquista, bloqueando la ejemplar regeneración de la democracia mediante la ejemplificadora regeneración del PSOE.

 

Sentirse obligados a pedir la venia del Padrino

 

Durante los últimos años todos los bancos parecían aspirar a tener grupos periodísticos. En el caso que nos ocupa sucede casi al revés. Polanco no tiene bancos, pero sí tiene banqueros. Ha sido tal la habilidad con que ha urdido sus negocios que prácticamente ninguna de las grandes familias de la oligarquía financiera ha quedado al margen. Si en algo coinciden los dos Emilios es que a ambos les beneficia la prosperidad de Polanco. ¿Puede extrañarle a alguien que hasta para aceptar los más deseados puestos del panorama empresarial emergente, profesionales de primera se sientan obligados ante todo a pedir la venia del Padrino?

Tras el golpe de mano del día de Nochebuena las cosas han llegado a tal extremo que el mundo del dinero, sensible como ningún otro al poder de quien tiene en sus manos la capacidad de configurar las apariencias, empieza a ver en Polanco el único fielato verosímil a través del que encauzar su relación con la política. Esa mañana el grupo Prisa consiguió de un solo golpe la exclusiva sobre todos los derechos de imagen de los clubes de fútbol (o sea el monopolio de la oferta) y la exclusiva para su comercialización a través de la televisión de pago (o sea el monopolio de la demanda). Un elemental sentido del pudor me impide dedicar una sola línea a describir la conducta de Antonio Asensio quien en no menos de 30 conversaciones a lo largo de los últimos dos años me expresó con las peculiaridades propias de su estilo, la más inamovible resolución de servir de dique de contención a la marea polanquista. Además, la gravedad de lo que está pasando ni siquiera deja margen para plantearse si llegará o no el día en que comportamientos tan indescriptibles obtengan su merecido. Lo tremendo para quienes anhelamos que la nueva situación política sirva para pasar de una España en la que hay mucho poder en pocas manos a una España en la que haya algo de poder en el mayor número posible de manos, es que basta mencionar tres sílabas para constatar que, por ahora, vamos perdiendo por goleada.   

  

(Publicado en EL MUNDO, 19 enero 1997, y reproducido por EL PAÍS al día siguiente).  

 



viernes, 23 de enero de 2026

Corazones blancos

 


Madrid, 2013. 288 páginas.
Edit. Everest.

 



Enrique Ortego Rey (Madrid, 1956), especialista en la información deportiva, traza en este libro el perfil y la trayectoria de cuatro futbolistas, pertenecientes a distintas generaciones, cada uno de los cuales ha marcado una época en la historia del Real Madrid: Francisco Gento, Amancio Amaro, Ronaldo Nazario da Lima y Emilio Butragueño




"Digo lo que pienso, pero con silenciador"

 














 
                                                                                     
                                                                           Andrés Rábago García 
                                                                                      (El Roto / Ops).



jueves, 22 de enero de 2026

Confesiones de un aldeano 2.0

 






















 (2025. 230 páginas). 




En este libro, nuestro compañero de promoción Miguel Ángel Nieto González (Albacete, 1955) evoca su trayectoria profesional y rinde homenaje a sus raíces en la aldea albaceteña de Canaleja. Ofrece en sus páginas el recorrido por los recuerdos de la infancia y la experiencia de viajes y encuentros con destacadas personalidades. Es el legado de las vivencias de un periodista, contadas, como él dice, al dictado de los caprichos de la memoria.

En el libro está emotivamente presente el imaginario de sus padres, Pilar y Miguel, que, con sacrificio, echaron en su momento un heroico pulso al devenir y consiguieron cambiar el futuro de su hijo. Reescribieron y revirtieron con éxito el destino reservado para Miguel Ángel en el medio rural.



"Embrutecido mediático"

 













Forges, Antonio Fraguas de Pablo (1942-2018)




martes, 20 de enero de 2026

Después del final
































Madrid, 2013. 518 páginas.
Edit. viveLibro. 





Esta es la primera novela de Juan Antonio Sacaluga Luengo (Madrid, 1956), compañero que trabajó durante más de treinta años en Radio Nacional de España y en TVE y llegó a ser jefe del área de internacional de los servicios informativos y director del programa “En Portada”.

Sacaluga sitúa la acción de su relato en la guerra de la antigua Yugoslavia de los años 90, un conflicto que conoce muy bien por haberlo cubierto profesionalmente para TVE. A través de personajes de ficción, hace un análisis político de lo que pasó y de las consecuencias que se arrastran desde entonces. Describe lugares, edificios, personas y situaciones, en gran parte vividas personalmente, y analiza el protagonismo de las diversas facciones en las luchas por el poder y la actividad de las mafias. La novela adopta la estructura de un thriller e introduce al lector en una atmósfera de suspense.

Una madrugada, Jaime recibe en su teléfono un inquietante SMS que le remite una amiga de la que no sabe nada desde hace años. El mensaje dice escuetamente: “Necesito que vengas a verme, aunque ya esté muerta”. 






sábado, 17 de enero de 2026

CORREOS y la ONCE, en la conmemoración del 50 aniversario de la Facultad

 



En 2021, tanto Correos como la Organización Nacional de Ciegos de España se sumaron a la conmemoración de los 50 años del edificio de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid, pionera en la formación en comunicación en España. 
Quedan para la historia un sello y un cupón de la ONCE. 












lunes, 5 de enero de 2026

T(r)ópicos

 




Gijón, 2024. 120 páginas.
Edit. BajaMar.

 



Yolanda Serrano Meana (La Felguera, Asturias, 1953), compañera nuestra de la tercera promoción de Periodismo, traza en este poemario un camino de sensaciones y evocaciones al trasluz de una serena madurez espiritual. Desde el primer poema, titulado significativamente “Porque soy los recuerdos que me habitan en algún rincón de la memoria”, traslada al lector versos nacidos de la experiencia del amor y de la alegría de vivir, y lo hace con un trasfondo de nostalgia. Son páginas de poesía sencilla, sincera y sentida, que dan cuenta de la personalidad de su autora.

Periodista y traductora, Yolanda Serrano ha ejercido la profesión en diversos medios. En Madrid trabajó en Radio Nacional de España (RNE) y en las revistas “Cisneros” y “Viajar”, así como en el Gabinete de Prensa del Ministerio de Hacienda, y fue corresponsal de las agencias Inter Press Service, Efe y Comunica en Brasil, país en el que reside.

En 1999 ganó un premio a la mejor traducción con el libro ilustrado para niños “Poemas Com Sol e Sons, poesía latinoamericana para meninas e meninos”, de varios autores, publicado por la editorial Melhoramentos de Sao Paulo. 






domingo, 4 de enero de 2026

"El periodista más importante del franquismo"

Por Juan Luis CEBRIÁN 



Lo primero que vi al entrar en la redacción de Pueblo fue una pesada máquina de escribir volando. Se la había arrojado el crítico de cine al cronista municipal, que tuvo fortuna y agilidad suficientes como para esquivar el golpe. El motivo de la disputa había sido un comentario desabrido del reportero del Ayuntamiento sobre el director del periódico. Comprendí de inmediato dos cosas: que éste era un individuo controvertido hasta en su propia casa y que uno se arriesgaba a morir aplastado por una Underwood si osaba hacer pública esa controversia.

Corría el año 1962 y Emilio Romero era ya el periodista más importante del franquismo. Sólo el mito gigantesco de don Manuel Aznar Zubigaray -abuelo del actual presidente del Gobierno- podía competir con él. La diferencia estribaba en que don Manuel se las agenció para utilizar el periodismo como trampolín hacia la diplomacia y los salones de la corte, mientras Romero se empecinó hasta el fin de sus días en no ser otra cosa que periodista, quizá porque comprendió que a un desclasado como él los edecanes del régimen no habrían de ofrecerle más. De modo que ha muerto con las botas puestas.

Al frente del órgano oficial de los sindicatos verticales, Emilio Romero hizo mucho por renovar y modernizar el diarismo de su época, en lo que contó con la inestimable ayuda de su redactor jefe de siempre, Jesús de la Serna. Abrió el periódico a las nuevas generaciones, fomentó el reporterismo de calle, se interesó por la renovación tecnológica de la empresa y propició una cierta disidencia dentro de un orden que permitió identificar a su periódico como portavoz de una singular izquierda obrerista del régimen, inaceptable del todo para la oposición a la dictadura, pero muy molesta, al tiempo, para la derechona católica. Mis primeros seis años de periodismo activo los ejercí bajo su dirección. Él y yo sabíamos que en punto a ideas políticas pensábamos de forma bien diferente, lo que no impidió que antes de cumplir mi mayoría de edad me nombrara redactor jefe de las páginas de información local, en las que militaba el enfurruñado cronista que salvó su vida de la agresión del crítico; también, y por periodo de unos breves meses, me encomendó la entonces famosa Tercera Página, donde permitió que escribieran -hasta donde la autoridad competente lo toleraba- gentes del entonces clandestino partido comunista, curas posconciliares como Juan Arias, actores disidentes como Marsillach y no pocos opositores al franquismo. Tenía fama de autoritario, nepotista y egocéntrico, pero a mí me permitió hacer mi trabajo, me defendió cuando la caverna del régimen quiso atacarme y sólo obtuve de él muestras de respeto y de confianza, a las que siempre intenté corresponder. Frente al servilismo de que hacían gala no pocos de sus colaboradores, comprobé que su indudable vanidad era mucho más susceptible a la dialéctica que a la sumisión, quizá por eso guardamos durante muchos años una buena relación personal, incluso cuando en la etapa de la transición política sus opiniones comenzaron a confundirse extravagantemente con las de los militares que acabaron por dar el golpe de Estado del 23-F. Como tantos de su generación, viajó poco fuera de España, entre otras cosas por su conocida aversión a volar, con lo que acabó por convertirse en representante de un casticismo intelectual muy del agrado de los tiempos que ahora mismo corren.


Cantera de nuevos periodistas


Emilio era un escritor temible, de prosa arrogante y juicios afilados, bueno para los periódicos aunque no tanto para la gran literatura. Gozó durante mucho tiempo de la protección del ministro Solís, la sonrisa del régimen; disfrutó de la amistad de Juan Domingo Perón; cultivó a algunos intelectuales que regresaban  del exilio, y se esforzó por situar su periódico y su persona en el centro de la crónica social y de los sucesos de la farándula, a los que contribuyó escribiendo un buen puñado de piezas teatrales. Las marquesas, los futbolistas, los embajadores, los toreros, las bailaoras y actrices de moda, los banqueros, los poetas malditos y los reporteros de fama se disputaban su amistad y demandaban su influencia. Fue generoso con todos y sólo ocasionalmente vengativo con algunos. Convirtió Pueblo en una auténtica cantera de nuevos periodistas y parecerse a él terminó siendo la ambición de muchos jóvenes profesionales, deslumbrados como estaban por el brillo de su estrella, que comenzó a apagarse durante los complejos años de la transición. El declive del franquismo había marcado ya el comienzo del fin de su reinado. Rescató una cabecera de noble abolengo como El Imparcial, que había sido el diario de la familia de Ortega y Gasset, y que acabó por convertirse en portavoz de la nostalgia bronca de la dictadura. No comprendió el significado de la emergente democracia, pese a que luchó denodadamente por mantener su puesto y rescatar su perdida influencia en el firmamento de la política española. Le ofrecí las páginas de EL PAÍS, en las que se desempeñó como articulista habitual durante años. Se fue alejando de ellas por propia voluntad, pero nunca tuvimos discrepancias personales ni hubo quejas ni desacuerdos sobre el tratamiento que el periódico le daba.

A veces pienso que Emilio Romero se equivocó de tiempo. Si hubiera nacido en una España diferente, sus formidables dotes profesionales habrían merecido un mejor destino. Le tocó protagonizar el periodismo español de los sesenta, una década crucial para la historia de la humanidad. Nuestra profesión le debe mucho, y yo me encuentro entre los que le estarán siempre agradecidos. 


(Publicado en EL PAÍS, 14 febrero 2003).




"¿Y tú, contra quién informas?"

 

















                             


                        






                                                               Quim Sosa







sábado, 3 de enero de 2026

Lo que Hacienda se llevó



Barcelona, 1992. 164 páginas.
Edit. Ediciones B.

 


Carmen Tomás Crovetto (Madrid, 1955) se especializó en el periodismo económico. ​Empezó como colaboradora en Ya, Diario 16 y Economía 16, y después se incorporó a los servicios informativos de la Cadena COPE. En 1981 debutó en TVE, y en 1990 pasó al equipo de los servicios informativos de Telecinco. Regresaría a Televisión Española, donde permaneció hasta 2004 presentando informativos de gran audiencia. Sus siguientes etapas serían en la COPE, Telemadrid, Libertad Digital TV, esRadio, Intereconomía, Trece TV, TVE (como tertuliana política) y, de nuevo, en la COPE, como analista. 

Su libro “Lo que Hacienda se llevó” está concebido como un manual del “contribuyente desesperado”. Con prólogo de Manuel Vázquez Montalbán, se ofrece en él una humorística visión de la relación de los ciudadanos con la administración tributaria y una amena forma de entender las obligaciones fiscales.

 



España en los años 70