viernes, 6 de febrero de 2026

Entrevista a Jaime Campmany

 









            ENTREVISTA                


“La prensa española está demasiado cargada de política pequeña y superficial”

 

HIGINIO DEL RÍO 

Eso que se llama ‘prensa de derechas’ a veces es más liberal, más comprensiva de posiciones de izquierda y más asumidora de opiniones que están en lo que tradicionalmente llamamos izquierda que la propia prensa de izquierdas. Lo que pasa es que en España todavía se quiere identificar a la derecha con el régimen anterior, y entonces es una manera de descalificar el decir: “bueno, esto es prensa de derechas”.


- ¿Y qué diferencia hay entre esta revista tuya (Época) y el órgano de expresión de Alianza Popular?

La independencia. Nosotros no estamos aquí para predicar una postura política. El sambenito nos lo colocaron nada más salir a la calle, pero nos lo hemos quitado de encima de una manera clara: en todas las crisis que ha tenido la derecha hemos opinado tan severamente o más que cuando analizamos alguna medida del Gobierno socialista.   

 

A Jaime Campmany y Díaz de Revenga (Murcia, 1925), columnista político de prestigio, no hay quien lo apee del burro. A su modo de ver, se están produciendo confusiones que sería menester aclarar. "Hasta que no pasen unos años más y la izquierda pierda ese carácter de movimiento en contra del franquismo y se vea hasta dónde ama de verdad las libertades; y la derecha se quite el sambenito de haber apoyado a un régimen dictatorial y se vea hasta qué punto defiende las libertades, estos términos no quedarán purificados". 

Diariamente en ABC y semanalmente en Época, Jaime Campmany susurra al oído de sus lectores -gentes que probablemente están más convencidas que él mismo de que Alfonso Guerra es un ogro- el repiquete de que los socialistas son muy malos y no dan una. Hay un paternalismo socarrón en los articulistas como él. A la derecha, que ve La Moncloa todavía muy lejana y sigue buscando recambios para la travesía del desierto, se le ha ido Fraga pero le queda la artillería pesada de los columnistas como Campmany.

Con el director de Época, los socialistas no llevan frío. En sus “cartas batuecas” suele escribir cosas como éstas dedicadas a José María Maravall: “¡Pero, hombre, señor ministro de Educación, se habrá quedado usted descansado con ese verbo que se ha inventado y que tan bien le va a lo que está usted haciendo en el Ministerio. Primero, se dedica su excelencia a ‘demolir’ la enseñanza, y después se ocupa en ‘demolir’ la gramática. Hijo mío, viene usted mal preparado al cargo. ¡Ay, señor ministro, que usted, antes que un ministerio, necesita un pupitre!”

Le gusta indicar a la izquierda el camino que ha de seguir: el de la socialdemocracia, la domesticación, la desmarxistización, el acto de contrición, el chaquet, la reprivatización de Rumasa… Siempre verá a los nuevos inquilinos del poder como unos sujetos gravemente faltos de experiencia de Estado.

Reconoce que la prensa española está “demasiado cargada en este momento de política pequeña, superficial, somera”.


- Quizá los columnistas tenéis parte de culpa. 

 A veces se nos reprocha que estamos convirtiendo la política en chisme, y yo creo que no, que son los políticos. No encuentro en la derecha ni en la izquierda ni en el centro señores que se dediquen seriamente a elaborar programas políticos, a tener eso que se llama un pensamiento político y a fundamentar una ideología. Me encuentro con unos señores que desprecian la cultura, que no saben hablar ni fundamentar un discurso ni siquiera en las ideas de los intelectuales de su propio partido.

Yo sé que muchas veces exagero la crítica y lo hago adrede porque el columnista no puede pretender hacer un ensayo todos los días en el periódico. Lo que hago es comentar irónicamente unos hechos y hacer que la gente medite sobre ellos. La labor del comentarista político consiste más en sacudir palos a los señores que tienen la responsabilidad de gobernar.    


Resumen de una entrevista publicada en HOJA DEL LUNES de Oviedo el 11 de enero de 1988.

Jaime Campmany falleció en 2005, a los ochenta años.  

 

 


 

 








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